Escuela de Formación de Escritores

De repente una señal

La dulce dictadura de la escritura
Cafe de Flore [ De repente una señal ]
El café es un buen lugar para recibir una señal.

De repente una señal ►

Estás en un café, hablando con un amigo, comentando la actualidad o cualquier otro asunto. Mientras tanto, tu vista ya tiene controlada a la camarera para, cuando pase cerca, pedirle los cafés; a las dos señoras que se disponen a ocupar la mesa de al lado, que están limpiando escrupulosamente las sillas y hasta la mesa; tu vista también tiene controlado al vendedor de la ONCE que no para de despachar cupones, gracias a eso recuerdas que es viernes; también controlas al niño que acaba de salir de la heladería cercana con un cucurucho que sostiene, aunque no te explicas cómo, una descomunal bola de helado y calculas las probabilidades que tiene esa bola de acabar en el suelo, en el traje más limpio de la terraza o en el regazo de la persona más malhumorada que se tropiece con el niño. Mientras tanto tu imaginación sobrevuela la terraza y traza líneas imaginarias delante de los transeúntes, de los que se alejan en color verde y de los que se acercan en color amarillo, por ejemplo. Mientras tu imaginación juega a adivinar qué consumiciones pedirán los que acaban de llegar a otra mesa…

Mientras todo esto ocurre, de repente una conexión neuronal en tu cabeza amplifica la señal de un elemento de entre la multitud que pueblan la escena, de uno solo, tal vez pequeño, tal vez el más insignificante elemento para el ojo o el oído poco entrenado. Una frase de otro cliente comentando una noticia, tal vez una palabra en un contexto, tal vez una actitud, o un gesto, o un movimiento, o un encontronazo…, o tal vez un silencio incómodo en la mesa de al lado. Es igual, para ti esa señal es un título en potencia, o la frase más apoteósica de uno de tus personajes, o el personaje más peculiar y rico que te has encontrado en mucho tiempo, o simplemente la semilla de una idea que desarrollar o, con un poco de suerte, el desatascador que necesitaba tu embrollado último capítulo.

Para entonces ya no te importa que la lista de precios está modificada y hayan repasado con un rotulador demasiado evidente todos los “1” con un “2”, actualizando la lista de precios a un futuro lejano no concretado. Para entonces ya no te importa si el niño finalmente estampó su bola de helado contra el policía urbano que está multando a su padre. Para entonces ya no te importa si la camarera te habrá traído la sacarina y el vaso de agua que le pediste, ni siquiera si los de la mesa de al lado habrán pedido finalmente ese descafeinado de máquina con leche tibia que te parecía tan evidente. Para entonces ya no te importan muchas cosas, tienes tu idea y eso es lo que importa. Disfrutas de su nacimiento y, mientras le pones alguna ropa a la idea recién nacida, sonríes sin que nadie más que tú sepa el motivo…, de momento.

-¿Qué te pasa?, ¿por qué sonríes? -te pregunta tu amigo buscando con la mirada la señal que te dibuja la sonrisa, como si él pudiera verlo…

-Nada…, estoy bien…, ya lo leerás. -Contestas sin tener muy claro aún en qué se traducirá la señal recibida, si la incluirás en algún texto que está en preparación o si será la semilla de algo nuevo o si, por qué no, acaba en la papelera. ¡Qué más da!, lo importante es que esa señal te ha llegado, como llegaron otras y otras llegarán.

Pues bien, así ocurre, o tal vez no…, quien sabe.

 

De repente una señal

Víctor J. Sanz

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26 febrero, 2015

2 responses on "De repente una señal"

  1. Imagen de perfil de Víctor L. Briones

    Y es que la idea nos puede asaltar en cualquier lugar… Solo hay que dejarse hacer, entregarle la cartera y quedarse con su cara.

  2. Imagen de perfil de Víctor J. Sanz

    A veces parecemos despistados los escritores. El mundo interior necesita nuestra atención.

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