Escuela de Formación de Escritores

Ejercer de poeta y ejercitar la poesía

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La poesía nace del sentimiento pero no tiene por qué morir con él. También puede surgir de la reflexión y la idea o incluso puede ver la luz a partir de una intención estética aislada. La poesía puede aguardar, como las semillas pacientes, a que diluvie en el desierto para manifestarse en todo su esplendor y también, sin que nos demos cuenta de su omnipresencia, rodearnos y esperar a a que sean nuestros ojos los que, en un descuido de la seriedad acostumbrada, la descubran.

Ejercer de poetaMi intención en estas pocas líneas no es hacer de etólogo de la poesía. No quiero describir los lugares donde habita el animal sino remarcar un hecho que se diluye en el tópico de lo poético en general y de la poesía en particular: los versos pueden ser domados e incluso nacer ya en cautividad; la inspiración y la emoción son solo parte de la ecuación. La poesía ha acompañado al hombre desde siempre y ha sido utilizada para muchas tareas: para contar cuentos a los niños y a los mayores, como pizarra educativa para una sociedad iletrada, como herramienta de expresión para los que carecían de voz; el hecho de que hoy esté más enfocada a la expresión de «individualísimas» maneras de sentir y decir no quiere decir que tenga que ser el diario insustancial de un adolescente enamorado y sufridor. Considerar que se escriben versos solo para «evacuar» sentimientos es cerrarse puertas, quedarse muy corto. Porque los versos son capaces de sacar, en este vivir rutinario y encorsetado, el lado salvaje e inconformista que todos deberíamos cultivar. Quiero que veáis la necesidad de airear nuestro lado creativo, que las calles y las vidas se llenen de extrañas criaturas con ritmo y apariencias sugerentes.

La poesía puede ser trabajada, pulida, pulimentada. Puede brillar por su naturalidad sin que se note todo el trabajo que hay detrás, toda la intención comunicativa y expresiva que la alimentan. Porque el poeta es un constructor de esqueletos para sostener las pieles y carnes más difusas y escurridizas; las más sutiles palabras deben descansar sobre los andamiajes más firmes.

Esa habilidad para construir osamentas sólidas es lo que hace al poeta y no su conformidad con la  romántica imagen de individuo hipersensible y lleno de rarezas —aunque algo de eso hay—. Pero lo primero es lo primero, y no podemos empezar a construir el poema por la conmoción y el fogonazo, hace falta combustible y habilidad para encender la yesca. Hace falta trabajo para no quedarnos en la futilidad o confundir la subjetividad infundada con la originalidad.

La poesía, como casi todo lo que importa en la vida, primero se aprende, después se ejerce y siempre se ejercita. A todo eso os puedo ayudar.

Y después de trabajar y mancharnos las manos en el taller, si os apetece, aullaremos a la luna hasta agotarnos…

Víctor L. Briones

Tutor de Creación y Lenguaje Poético

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