Escuela de Formación de Escritores

Estar siempre hambriento

por Víctor L. Briones, tutor de Creación y Lenguaje Poético


“Yo soy uno de los raros novelistas que lee tanta poesía como novela, y creo que eso se nota en mi lenguaje: soy incapaz de escribir esas frases deslavazadas, que no tienen el menor oído literario ni musical”.

Estar siempre hambrientoEste cita, leída en una entrevista a Juan Goytisolo aparecida en Clarín nº 86, demuestra que el último Premio Cervantes es firme defensor del papel fertilizador que tiene la poesía. De hecho, al avanzar la conversación menciona una amalgama de influencias en su prosa: músicos como Mozart y Beethoven; compositores como Satie, Alban Berg y Stravinsky; pero también historiadores como Américo Castro y varios poetas como Cernuda, Celan, San Juan de la Cruz y José Ángel Valente.

Toda esta panoplia de creadores que nombra Goytisolo, de los que dice que le han influido en su forma de escribir, me sirve para introducir el tema de esta entrada: la necesidad de “eternizar el hambre”. Con esto quiero decir que de vez en cuando hay que poner a descansar la creatividad y dedicarse a la búsqueda; poner los folios en barbecho y montar a lomos de la curiosidad para comprobar dónde nos llevan nuestras inquietudes. Un autor debe dejarse seducir por otras voces, vengan de donde vengan, y debe hacerlo con frecuencia. Tanto es así que, si es necesario parar de escribir para ir a calmar un retortijón intelectual que surge como un chispazo al recordar tal o cual referencia, es mejor detenerse de inmediato a rascar esos picores incipientes. Debemos permitir que lo anecdótico pueda enriquecer nuestra creación o servir de impulso para futuros proyectos.

Serán otros los que se dediquen a desvelar esas influencias. Uno solo tiene que preocuparse de aplacar su hambre, de mantener ese interés por lo nuevo y lo desconocido, de volcarlo en lo que escriba sin que se le noten las costuras al revivido. Además, este proceso de fertilización es más efectivo si no somos conscientes de que estamos siendo influidos. Si adaptamos a nuestro particular estilo lo que recibimos de otros habremos sido fecundados, habremos mejorado como escritores, podremos pasar a la siguiente tentación y afrontar los escritos que vendrán con más garantías.

Algo muy lógico lo que propongo, ¿verdad? Pero vengo notando que ese apetito demasiadas veces se sacia de forma rápida y parcial. Se toma lo inmediato y no se profundiza. Mi madre, de niño, me decía que los dientes no están para morder sino para masticar. Así que elige bien lo que vas a llevarte a la boca, tritúralo despacio, con deleite, y no lo tragues hasta haber apurado su sabor. Tu estómago y tu poesía te lo agradecerán.


Estar siempre hambriento

por Víctor L. Briones, tutor de Creación y Lenguaje Poético

Si te ha gustado, compártelo:

Artículos relacionados

27 mayo, 2015

1 responses on "Estar siempre hambriento"

Leave a Message

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


 Desarrollado por WriWeb
X