Escuela de Formación de Escritores

Lo que no se dice en el currículo de un escritor

Lo que no se dice en el currículo de un escritor ►

por Érika Gael

En el currículo de un escritor se dicen muchas cosas.

Se suele hablar, por ejemplo, del número de obras publicadas hasta la fecha, del año de edición y de la editorial —en caso de haberla— que las respalda. En el currículo de un escritor, las antologías e iniciativas de las que ha formado parte suelen venir acompañadas por opiniones que ensalzan su pluma y sus letras. En el currículo de un escritor se cuentan los premios recogidos, los certámenes ganados, los homenajes recibidos. Los sueños cumplidos. Ningún escritor menciona en su currículo las ilusiones rotas; los desconchones de sí mismo que va dejando por el camino.

el currículo de un escritorSin ir más lejos, cualquier lector que revise de forma somera mi currículo podrá ver que mi primera novela fue publicada por una gran editorial en el año 2010. Pero, al leer mi currículo, ese lector no sabrá que el aluvión de críticas negativas que sucedió a mi debut destrozó a la jovencita inexperta que se escondía detrás del seudónimo. Del mismo modo, tampoco sabrá que conocer de primera mano las malas mañas editoriales me condujo sin remedio a un frustrante bloqueo que se prolongó durante más de tres años.

En ese mismo currículo se dice también que mi segunda novela publicada fue el fruto de un proceso de autoedición en 2013. En ningún momento se dice que, antes de llegar hasta ahí, esa novela fue utilizada como rehén por la competencia tras presentarme a un certamen que, como ya habrás supuesto, lector, no gané. En mi currículo no te cuento los meses de angustia al ver que mi libro no terminaba de salir al mercado, ni las reuniones con abogados, ni las preguntas que se quedaron para siempre sin respuesta.

En el currículo de un escritor se dicen muchas cosas, pero hay algo de lo que casi ninguno habla de forma abierta. Cuando iniciamos nuestro recorrido como autores, cargados de esperanzas y de sueños, nadie nos dice que somos lo más parecido a un saco de boxeo a punto de ser golpeado hasta la extenuación. A mí nadie me contó que mi autoestima iba a ser puesta a prueba de esta manera. Jamás pensé que la literatura podría llegar a ser una amante tan sádica. Y, sin embargo, aquí estoy, a su lado. Algunos pensarán que se trata de masoquismo; yo prefiero llamarlo Inteligencia Emocional.

Para quien no lo sepa, además de escritora vapuleada y propensa a los bloqueos, soy licenciada en Psicología —eso también lo dice mi currículo—. A lo largo de aquellos tres largos años que pasé en el dique seco, no podía dejar de pensar, noche tras noche, que debía existir algún modo de conectar ambos puntos, como diría Steve Jobs. Al fin y al cabo, había pasado cinco años estudiando una carrera en la que había adquirido herramientas para afrontar de forma eficaz casi cualquier situación. ¿Cómo era posible, entonces, que no pudiera ayudarme a mí misma ante la maldita hoja en blanco? Noche tras noche, con los ojos como platos en busca de una salida, tecleaba en Google el nombre de todos y cada uno de los psicólogos de la creatividad que recordaba con la esperanza vana de que al menos uno de ellos pudiese arrojar algo de luz sobre el vacío. Mi vacío.

Tuvieron que pasar más de mil noches para que aprendiera de una vez por todas la lección: no hay un remedio infalible contra el bloqueo. No hay una fórmula mágica que nos ayude a soportar la frustración de la derrota. No existen vacunas milagrosas que nos hagan sobrellevar las críticas y el rechazo. Pero, después de cinco años de carrera y mil noches de bloqueo, descubrí que sí hay una herramienta que, sin ser prodigiosa, te echa un cable de los gordos cuando quieres salir del agujero, y esa herramienta es, ni más ni menos, el manejo de nuestras propias emociones.

No podemos controlar a las editoriales, al mercado, ni tampoco la opinión de los lectores. Pero resulta que sí podemos controlar la forma en que afrontamos todo eso como escritores, y en nuestra mano está hacerlo del modo más competente y beneficioso para nuestras propias letras. Para bien o para mal, las emociones forman parte inevitable del bagaje de todo escritor, y su influencia va a resultar decisiva a lo largo de su trayectoria. Visto lo visto, entonces, mejor que sea para bien, ¿no crees?


Érika Gael es tutora de la Escuela de Formación de Escritores e imparte un taller de “Maquetación” y otro de “Inteligencia Emocional

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1 responses on "Lo que no se dice en el currículo de un escritor"

  1. Totalmente de acuerdo: la escritura, además de ser nuestra pasión, puede convertirse en nuestra mejor terapia. La cantidad de emociones que nos vemos forzados a afrontar, trabajar y superar en el proceso de escritura, corrección y -para la mayoria de nosotros en la coyuntura actual- de autoedición, autopromoción y autodistribución, supone un proceso intenso de superación personal, de crecimiento consciente y de evolución como seres espirituales. Como co-autora de “Ri-yendo por el mundo en tiempos inciertos” (www.ri-yendoporelmundo.com y http://www.facebook.com/pages/Ri-yendo-por-el-mundo-en-tiempos-inciertos/371833222956300), una novela de varios tomos destinada (entre muchos otros temas) a difundir la importancia de las emociones positivas en cualquier ámbito de nuestras vidas, me puedo identificar con gran parte de lo expuesto en este texto.

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