Escuela de Formación de Escritores

Poesía hispanoamericana del siglo XX

La poesía hispanoamericana del siglo XX, a medida que avanza el tiempo, va adquiriendo una riqueza tal de matices que hasta el análisis más pausado casi deviene en confusión. Esa confusión nace del número de autores que cultivan la lírica, desde México hasta Argentina, y de la increíble variedad de corrientes que se mezclan. Incluso recurrir a las etiquetas para catalogar la poesía resulta un método insuficiente. En cualquier caso, para entenderlo mejor y profundizar se hace necesaria una formación sólida en la materia. Por el momento, intentaremos dar unas pinceladas que ayuden a divisar los contornos de

La poesía hispanoamericana del siglo XX

En líneas generales, la poesía hispanoamericana contemporánea no es comparable con la poesía modernista. Neruda, Vallejo, Borges, responden mejor a la sensibilidad de ese tiempo, pero su poesía es inferior al menos en ámbito de resonancia a la de los modernistas. Los poetas de aquella escuela siguen siendo los maestros indiscutibles en cada país: Lugones en Argentina, Freyre en Bolivia, Santos Chocano en Perú, Amado Nervo en México… El caso de Gabriela Mistral en Chile es distinto, aunque su obra posee elementos modernistas.
Se han hecho distintos intentos de ordenación y agrupación, pero parece consensuada la clasificación en tres períodos:
  • El modernismo
  • El posmodernismo
  • La vanguardia

  • Los poetas modernistas

No podemos comprender la poesía hispanoamericana del siglo XX sin partir de los años finales del siglo XIX, cuando tiene su auge el modernismo. Hacia 1880 se observa un fenómeno nuevo en el terreno literario en Hispanoamérica. Aparece un grupo de poetas que consigue revolucionar el lenguaje y la forma de la poesía. Se trata de Salvador Díaz Mirón y Manuel  Gutiérrez Nájera, en México; de Julián del Casal en Cuba; y de José Asunción Silva, en Colombia. Pero fue la edición de Azul (1888) del nicaragüense Rubén Darío lo que dio a este movimiento mayor ímpetu y fue su autor quien definió y dio nombre al movimiento modernista.

Rubén Darío destaca tres notas esenciales en el modernismo:
  1. El rechazo de cualquier mensaje o enseñanza en el arte
  2. El acento en la belleza como la más alta meta
  3. La necesidad de liberar la poesía de sus formas tradicionales.

Estos ideales se extienden por los países hispanoamericanos de manos de Rubén Darío a través de numerosas revistas por él fundadas (Revista de América, en Buenos Aires; Revista de Costa RicaAzul, en México, o La Biblioteca, en Argentina), u otras como Cosmópolis, en Venezuela, Revista Moderna, en México o Pluma y lápiz, en Chile. La aparición de estas revistas, en sí misma, supone un fenómeno nuevo. La consigna de “el arte por el arte” se convierte en lema y se difunde por todo el continente.

El punto culminante del modernismo se alcanza con la aparición de tres volúmenes de poesía: Prosas Profanas, 1896, de Rubén DaríoLas montañas de oro, 1897, de Leopoldo Lugones; y Castalia Bárbara, 1899, de Ricardo Jaimes Freyre. A partir de 1900, el modernismo comienza a romperse en cierto número de tendencias: la religiosa y meditativa en la poesía de Amado Nervo y de Julio Herrera y Reissig; la sensual de Delmira Agustini; la americanista de José Santos Chocano. En general, el modernismo siguió siendo el estilo dominante de la poesía hispanoamericana hasta los movimientos de vanguardia de los años 20.
Los modernistas se inspiraron en la tradición española, pero, sobre todo, en Francia, concretamente en el Parnasianismo. Los poetas más destacados del movimiento son Rubén Darío, José Asunción Silva, Salvador Díaz Mirón, Manuel Gutiérrez Nájera, Julián del Casal, Ricardo Jaimes Freyre y Julio Herrera y Reissig.
Rubén Darío
José Asunción Silva
Salvador Díaz Mirón
Manuel Gutiérrez Nájera
Julián del Casal
Ricardo Jaimes Freyre
Julio Herrera y Reissig
  • La lírica postmodernista

La liquidación del modernismo la sitúan muchos críticos en el soneto del mexicano Enrique González Martínez “Tuércele el cuello al cisne”, que aparece en su colección Los senderos ocultos (1911), en el que recomendaba evitar toda forma y lenguaje que no fueran acordes con el “ritmo latente de la vida profunda”. Este soneto solo era una manifestación más a favor de la depuración de la retórica, de lo superfluo, frívolo y decorativo que tenía el modernismo, pero ya Rubén Darío en Cantos de vida y esperanza no era ajeno a esa nueva sensibilidad.
El fin del modernismo no es fácil de precisar, ni siquiera apelando a la muerte de Darío en 1916. Entre el modernismo más característico y la irrupción de los movimientos de vanguardia, que decretan su extinción definitiva, transcurren algunos años, que suponen lo que se ha llamado postmodernismo.
Entre las distintas corrientes que confluyen en esta época, la que se perfila con mayor nitidez es la que, nacida de las posiciones más extremas del modernismo, permite enlazar con el vanguardismo. Esta corriente tendría en Leopoldo Lugones Julio Herrera y Reissig sus máximos cultivadores. El primero en sus libros de madurez (Lunario sentimental) se anticipa al metaforismo desaforado de los ultraístas de los años 20; el segundo (La torre de las esfinges) abunda en el lenguaje barroco, en los neologismos y en las imágenes sorprendentes.
El modernismo no evolucionó en este único sentido. En los diez primeros años del siglo XX se produce una reacción moderada frente al modernismo, que no rompe con la poesía de Rubén, pero que introduce nuevos elementos estéticos y amplía el cuadro de posibilidades creadoras. Lleva los temas a lugares ignorados por los modernistas: la vida campesina, el suburbio, la intimidad hogareña; recursos olvidados por el modernismo vuelven a retomarse ahora: la ironía, el verso desnudo de retoricismo, la lengua  humanizada hasta llegar a lo prosaico.
No se puede hablar de una actitud antimodernista: se trata del propio modernismo que se disuelve en distintas tendencias, y de otras tendencias nuevas (americanismo, poesía del entorno), que ahora afloran.

De estas tendencias, Federico de Onís, en su Antología de la poesía española e hispanoamericana, 1934 (reeditada en 1961) hizo referencia a seis:
  1.  reacción hacia la sencillez lírica;
  2.  reacción hacia la tradición clásica;
  3.   reacción hacia el romanticismo;
  4.  reacción hacia el prosaísmo sentimental;
  5.  reacción hacia la ironía sentimental; y
  6.  poesía femenina.

Excepto la última, los límites entre estas tendencias son difíciles de fijar. Ninguna  de ellas estuvo ausente del modernismo anterior, ni ninguna desaparecerá totalmente con la irrupción del vanguardismo. Llamaremos la atención sobre dos poetas:

El argentino Leopoldo Lugones parte del modernismo formal más entusiasta (Las montañas de oro, 1897, y Lunario sentimental, 1909), con variedad y musicalidad en los versos, rima, encabalgamiento, imágenes, etc. Pero esos recursos formales se acompañan con dos temas tradicionales: la patria y el paisaje, que aparecen en otras colecciones como Odas seculares, Romancero, Romances del Río Seco. La poesía de Lugones es la poesía de la América rural amenazada por los inmigrantes y por la industrialización. Para él, la verdadera Argentina estaba en el campo y en las estancias gauchescas.
El peruano José Santos Chocano tuvo una vida turbulenta: encarcelado por sus ideas políticas, revolucionario en México, apoyó a Pancho Villa, en Guatemala colaboró con el dictador Estrada Cabrera, condenado a muerte, mató a un hombre en un duelo y murió asesinado cuando viajaba en tranvía. Su americanismo es el reflejo de esta vida agitada, salvado por ser uno de los primeros poetas que celebraron la historia, el paisaje y los habitantes indígenas del continente. Selva virgen, Cantos del Pacífico, Alma América.
El mejor resumen de este período postmodernista lo hace Anderson Imbert:
“Imposible clasificar la nueva poesía. Si uno se atiene a los mejores poetas de esta generación, se oirán distintos acordes. Algunos poetas se desvían hacia un trato más directo con la vida y la naturaleza. Son sencillos, humanos, sobrios (Fernández Moreno). Otros tienen un aire de sabiduría, de haber ido lejos y estar de vuelta con muchos secretos clásicos (Alfonso Reyes). Los más efusivos confiesan sinceramente lo que les pasa, sus angustias, sus exaltaciones (Gabriela Mistral). Están los de sentido humorístico, como si los hijos sospecharan que había algo de ridículo y cursi en la tradición familiar modernista (José Z. Tallet). Los hay cerebrales, especulativos (Martínez Estrada). O los de alma devota (López Velarde)1. Y los criollistas, los nativistas, los apretados contra su tierra (Silva Valdés). Y los de emoción civil y política (Andrés Eloy Blanco)”.
En Argentina
En Uruguay
En Chile
En México
En Perú

Las poetisas

La tendencia temática intimista favoreció el desarrollo de una poesía de las experiencias emotivas que alcanzó una nutrida representación femenina. La aparición de un numeroso grupo de poetisas en la América hispana a principios del siglo XX constituye uno de los hechos más notables de la historia de esta cultura. No sólo por la cantidad, asombrosa para la época, sino también por la calidad. Las antologías reúnen hasta 150 poetisas (Elena Pecas contabiliza solo en Argentina más de 150).
Gabriela Mistral
Alfonsina Storni
Delmira Agustini
Juana de Ibarbouru
Dulce María Loynaz
  • La poesía de vanguardia

Hacia 1918 en Europa, y un poco más tarde en América (en la década de 1920 a 1930), estalla una revolución que afecta a todas las esferas del arte. En lo literario esa revolución se llama “movimientos de vanguardia”. Desde mucho antes de la guerra mundial, a la que algunos consideran causa de este brote de innovación, la literatura que se hacía en el mundo era cada vez más insolente. Tal renovación partió de la pintura. Movimientos como el fauvismo, el expresionismo, el cubismo, el futurismo, el dadaísmo, el surrealismo, etc, traspasaron los umbrales del lienzo y llegaron al papel. No sólo se liberó a los versos de las ataduras formales, sino que llevaron el irracionalismo a su última consecuencia. Negaron la lógica, negaron el espacio y el tiempo. La inestabilidad de la civilización, el poder de la violencia, el desprecio al hombre, el absurdo de la existencia, el desengaño ante la “seriedad” del arte, se convertirán en sus principios.
En Hispanoamérica los experimentos poéticos recibieron un gran impulso, quizás debido a la posición aislada de los poetas, los cuales se encontraban libres de las críticas de los lectores. Hubo casos de poetas que desarrollaron su obra de modo aislado, por propia satisfacción y sin ningún pensamiento de fama o reconocimiento público, como Enrique Banchs, argentino, o José María Eguren, peruano.
Pero esto no fue lo normal. Desde 1900, los poetas tuvieron un gran número de revistas mediante las cuales se mantuvieron en contacto con el arte que se estaba realizando en Europa. En todas partes se hacía hincapié en las innovaciones y los experimentos. Después de la guerra europea, surge en Hispanoamérica un nuevo impulso nacionalista y la confianza de los intelectuales que ven en la decadencia de la civilización europea el comienzo de su futura fortuna artística.
Los movimientos europeos como el futurismo, el dadaísmo, el cubismo o el surrealismo calaron en Hispanoamérica, con fuerza y difusión diferentes. El futurismo, como en Europa, trajo temas del mundo y la vida contemporánea; el dadaísmo tuvo menor difusión, porque no había una burguesía fuerte a la que fustigar; el cubismo dejó honda huella en Vicente Huidobro, a quien hay que reconocer su papel de pionero de la vanguardia en estos países. Los poemas de Huidobro expresan una visión romántica de la vida a pesar de lo extraño y desconcertante de la técnica empleada. Con la aparición de César Vallejo se produjo el cambio a la nueva sensibilidad que exigían las técnicas vanguardistas. Estas técnicas fueron hispanizadas por los poetas del movimiento ultraísta. Entre ellos se encontraba Jorge Luis Borges, que, cuando regresa a Argentina, se convierte en una de las principales figuras de los círculos literarios de su país. El surrealismo fue la vanguardia que dejó más honda huella en Hispanoamérica, al considerarse como un movimiento de libertad interior.
No hablamos de estos movimientos en los países hispanoamericanos en el mismo sentido que en Europa. Los poetas se apoderaron de las técnicas y teorías extranjeras, pero las modificaron o las desarrollaron de un modo personal.
Conviene citar tres focos vanguardistas en Hispanoamérica:
  1. El grupo que colabora en la revista Contemporáneos, en México, centrado en las técnicas surrealistas: Xavier Villaurrutia, José Gorostiza y Bernardo Ortiz de Montellano, director de la revista.
  2. El grupo ultraísta de Buenos Aires, reunido alrededor de Borges, que se difunde en revistas como Proa y
    Prisma, Martín Fierro
     y Sur, que ofrecieron a los lectores argentinos lo mejor de la literatura contemporánea mundial.
  3. El grupo cubano de la Revista Avance, que dio lugar al movimiento de poesía afrocubana, con Nicolás
    Guillén
    . El estilo repercutió en Puerto Rico, en la obra de Luis Palés Matos, e incluso en Ecuador.
Vicente Huidobro
Jorge Luis Borges
La poesía indigenista
Nicolás Guillén

Poetas destacados

César Vallejo
Pablo Neruda
Octavio Paz
José Lezama Lima

La poesía de final de siglo

Otra corriente, a cuyos cultivadores Mario  Benedetti llamó “los poetas comunicantes”, pretenderá conseguir una comunicación directa con cualquier lector. Esto se traducirá en el empleo de un lenguaje coloquial, a fin de representar inquietudes compartidas por la mayoría: existenciales, religiosas o políticas.
Esta corriente comienza su desarrollo en los años cincuenta y se presenta como una reacción frente al absurdo, frente a la alienación que padece el hombre contemporáneo. Los problemas políticos y sociales son tan acuciantes que no pueden ser olvidados. La diferencia de estos poetas con los precedentes es su actitud frente a la propia tarea.
Nicanor Parra
Ernesto Cardenal
Mario Benedetti
Además de estos tres, son muchos los poetas que contribuyen al desarrollo de una poesía en contacto y relación permanente con la realidad circundante. En Chile, contrasta el coloquialismo íntimo de Efraín Barquero con el lenguaje complejo que utiliza Enrique Lihn (que parte del movimiento de la antipoesía para llegar al irrealismo y al textualismo), que escribe una poesía atormentada; en Argentina, el regreso a lo auténtico, a lo individual, a los problemas sociales del país, se advierte en César Fernández Moreno, con Argentino hasta la muerte, y Juan Gelman escribe una poesía urbana y política, que se expresa en un lenguaje coloquial; en Cuba se percibe el impacto de la revolución castrista en Pablo Armando Fernández. El humor y la ironía sirven para afrontar el absurdo en la poesía del mexicano Jaime Sabines, que convierte en poesía cada instante de su vida y toca la temática amorosa, la existencial, la elegíaca, la política y la cotidiana. También el humor y la ironía se encuentran en la poesía del peruano Antonio Cisneros. En Ecuador, Jorge Enrique Adoum llega a un barroquismo expresivo cuando quiere representar la identificación del poeta con las fuerzas telúricas de la Naturaleza, es el poeta de la desilusión y de la tristeza. En México, Rosario Castellanos recoge en su poesía la preocupación por los más desfavorecidos, y José Emilio Pacheco une la tradición y la experimentación para reflexionar, en un estilo antirretórico, sobre el tiempo como agente de la destrucción universal.
NOTAS
1.- El poeta mexicano Ramón López Velarde escribió el libro de poemas La sangre devota (1916), al que siguió Zozobra (1919), que marcaron en su país la transición entre el modernismo y las nuevas corrientes de la vanguardia
poética.
Autora: Encarna Pérez
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3 julio, 2017

1 responses on "Poesía hispanoamericana del siglo XX"

  1. Un artículo muy completo gracias.

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