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Víctor J. Sanz

poesía hispanoamericana del siglo XX

Poesía hispanoamericana del siglo XX

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La poesía hispanoamericana del siglo XX, a medida que avanza el tiempo, va adquiriendo una riqueza tal de matices que hasta el análisis más pausado casi deviene en confusión. Esa confusión nace del número de autores que cultivan la lírica, desde México hasta Argentina, y de la increíble variedad de corrientes que se mezclan. Incluso recurrir a las etiquetas para catalogar la poesía resulta un método insuficiente. En cualquier caso, para entenderlo mejor y profundizar se hace necesaria una formación sólida en la materia. Por el momento, intentaremos dar unas pinceladas que ayuden a divisar los contornos de

La poesía hispanoamericana del siglo XX

En líneas generales, la poesía hispanoamericana contemporánea no es comparable con la poesía modernista. Neruda, Vallejo, Borges, responden mejor a la sensibilidad de ese tiempo, pero su poesía es inferior al menos en ámbito de resonancia a la de los modernistas. Los poetas de aquella escuela siguen siendo los maestros indiscutibles en cada país: Lugones en Argentina, Freyre en Bolivia, Santos Chocano en Perú, Amado Nervo en México… El caso de Gabriela Mistral en Chile es distinto, aunque su obra posee elementos modernistas.
Se han hecho distintos intentos de ordenación y agrupación, pero parece consensuada la clasificación en tres períodos:
  • El modernismo
  • El posmodernismo
  • La vanguardia

  • Los poetas modernistas

No podemos comprender la poesía hispanoamericana del siglo XX sin partir de los años finales del siglo XIX, cuando tiene su auge el modernismo. Hacia 1880 se observa un fenómeno nuevo en el terreno literario en Hispanoamérica. Aparece un grupo de poetas que consigue revolucionar el lenguaje y la forma de la poesía. Se trata de Salvador Díaz Mirón y Manuel  Gutiérrez Nájera, en México; de Julián del Casal en Cuba; y de José Asunción Silva, en Colombia. Pero fue la edición de Azul (1888) del nicaragüense Rubén Darío lo que dio a este movimiento mayor ímpetu y fue su autor quien definió y dio nombre al movimiento modernista.

Rubén Darío destaca tres notas esenciales en el modernismo:
  1. El rechazo de cualquier mensaje o enseñanza en el arte
  2. El acento en la belleza como la más alta meta
  3. La necesidad de liberar la poesía de sus formas tradicionales.

Estos ideales se extienden por los países hispanoamericanos de manos de Rubén Darío a través de numerosas revistas por él fundadas (Revista de América, en Buenos Aires; Revista de Costa RicaAzul, en México, o La Biblioteca, en Argentina), u otras como Cosmópolis, en Venezuela, Revista Moderna, en México o Pluma y lápiz, en Chile. La aparición de estas revistas, en sí misma, supone un fenómeno nuevo. La consigna de “el arte por el arte” se convierte en lema y se difunde por todo el continente.

El punto culminante del modernismo se alcanza con la aparición de tres volúmenes de poesía: Prosas Profanas, 1896, de Rubén DaríoLas montañas de oro, 1897, de Leopoldo Lugones; y Castalia Bárbara, 1899, de Ricardo Jaimes Freyre. A partir de 1900, el modernismo comienza a romperse en cierto número de tendencias: la religiosa y meditativa en la poesía de Amado Nervo y de Julio Herrera y Reissig; la sensual de Delmira Agustini; la americanista de José Santos Chocano. En general, el modernismo siguió siendo el estilo dominante de la poesía hispanoamericana hasta los movimientos de vanguardia de los años 20.
Los modernistas se inspiraron en la tradición española, pero, sobre todo, en Francia, concretamente en el Parnasianismo. Los poetas más destacados del movimiento son Rubén Darío, José Asunción Silva, Salvador Díaz Mirón, Manuel Gutiérrez Nájera, Julián del Casal, Ricardo Jaimes Freyre y Julio Herrera y Reissig.
Rubén Darío
Poesía hispanoamericana del siglo XXRubén Darío (1867-1916) comenzó su vida literaria muy joven. Entre los siete y los trece años escribió sus primeros versos e inició su vida bohemia. El primer libro importante es Azul, “un puñado de cuentos y poesías que podían calificarse de parnasianas”, aparecido en 1888. El libro se estructuraba en tres partes: Cuentos en prosa, El año lírico (cuatro poemas dedicados a las estaciones del año: Primaveral, Estival, Autumnal, Invernal) y Anagké. Ya en 1896 y en Europa publica Prosas Profanas, donde forja una poesía totalmente original por el léxico, por el tono y por el sentido. En esta obra destacan los aspectos más característicos del modernismo: preciosismo, exotismo, fantasía refinada; canta el amor errante y cosmopolita. Destaca la renovación formal: búsqueda del sentido musical de las palabras, nuevas combinaciones métricas, cambios de acentuación, rimas internas, dislocaciones y choques de sonidos, asonancias, prosas rítmicas. Prosas profanas posee también una coherencia interna: el cosmopolitismo de las formas y de los temas sirve para ofrecer una visión estética de la historia y de la mitología. Esta visión estética le hace tratar el resto de los temas desde una perspectiva en la que la vida es realzada por la belleza. En 1905 publica Cantos de vida y esperanza. Su tono es más humano e intimista. Aparece la melancolía, la muerte, el dolor de vivir, sus más íntimas angustias. La preocupación por lo social es palpable, así como la cultura hispánica y la defensa de la hispanidad ante el amenazante imperialismo anglosajón. El canto errante, de 1907, presenta más autocrítica. Los temas son variados: paisajes, actitud moral, civil y política, exaltación del arte, esteticismo, sentimiento del tiempo e inquietud religiosa. Canto a la Argentina y otros poemas (1914) muestra su emoción americana junto a su sueño cosmopolita.
José Asunción Silva
El colombiano José Asunción Silva, a pesar de que se burlaba de los rubendarianos, compartió con ellos muchas características y las antologías lo incluyen entre los poetas del Modernismo. En sus poemas parece querer alcanzar una región fuera del tiempo (como señaló Unamuno en el prólogo de las Poesías completas), en la nostalgia de la niñez o en algún oasis del desierto de su vida adulta. La mezcla de sensaciones como la tristeza o la melancolía con el júbilo de los placeres, fiestas y bailes, son algunas de sus características. Se han señalado tres etapas en sus poesías: la primera es la
postura del romántico, con influencias de Bécquer o Heine; la segunda está marcada por un pesimismo profundo; y la tercera es la etapa del dolor vivo. El poema más significativo es “Nocturno”, también “Día de difuntos”, “Los maderos de San Juan” y “Gotas amargas”.
Salvador Díaz Mirón
El mexicano Salvador Díaz Mirón, según Anderson Imbert, “entró al modernismo por la ventana”, dado su carácter violento y altivo. Político, fue condenado a la cárcel por matar a un hombre en defensa de “su honor” en una campaña electoral. Como poeta, tiene una primera etapa de influencia romántica (“Mística”, “Confidencias”), que da paso a unos momentos de amargura y mayor profundidad reflexiva. De esta época es Lascas, 1901, colección de poemas escritos a lo largo de diez años, donde a las formas modernistas añade detalles realistas inusuales. En la etapa final de su vida muestra obsesión por la renovación poética.
Manuel Gutiérrez Nájera
El mexicano Manuel Gutiérrez Nájera ejemplifica los aspectos más sofisticados y actuales del modernismo. Toda su obra lírica se recoge en Poesías, 1896, que muestra un tono aristocrático, nostálgico, y un culto a la elegancia y al refinamiento. Nájera es el poeta del color, de la imagen y de los sentidos.
Julián del Casal
El cubano Julián del Casal presenta un refinamiento y un amor a lo artificial. Sus obras poéticas destacadas son Hojas al viento, Nieve y Rimas. Su preocupación por un lenguaje armonioso y emotivo, la búsqueda de la musicalidad en los versos, la valoración de los adjetivos y la visión del poeta como un ser solitario que aguarda la inspiración, son sus rasgos principales.
Ricardo Jaimes Freyre
El boliviano Ricardo Jaimes Freyre es el poeta de la angustia espiritual, a pesar de ser uno de los modernistas más afortunados (hijo de un diplomático, desempeñó él mismo cargos políticos como ministro y embajador de su país). En un primer período como poeta, recibe la influencia de Rubén Darío, con quien funda en Buenos Aires la Revista de América. Su obra culminante es Castalia Bárbara, para la que se inspiró en la mitología nórdica, lo mismo que había hecho Darío con la griega. Escribió en verso libre, lo que da a sus poemas un ritmo de repetición.
Julio Herrera y Reissig
El uruguayo Julio Herrera y Reissig es uno de los mejores intérpretes del modernismo por su dedicación completa a la búsqueda de la estética y de la belleza. Sus dos principales colecciones son Los éxtasis de la montaña, 1907, y Sonetos vascos, 1906.
  • La lírica postmodernista

La liquidación del modernismo la sitúan muchos críticos en el soneto del mexicano Enrique González Martínez “Tuércele el cuello al cisne”, que aparece en su colección Los senderos ocultos (1911), en el que recomendaba evitar toda forma y lenguaje que no fueran acordes con el “ritmo latente de la vida profunda”. Este soneto solo era una manifestación más a favor de la depuración de la retórica, de lo superfluo, frívolo y decorativo que tenía el modernismo, pero ya Rubén Darío en Cantos de vida y esperanza no era ajeno a esa nueva sensibilidad.
El fin del modernismo no es fácil de precisar, ni siquiera apelando a la muerte de Darío en 1916. Entre el modernismo más característico y la irrupción de los movimientos de vanguardia, que decretan su extinción definitiva, transcurren algunos años, que suponen lo que se ha llamado postmodernismo.
Entre las distintas corrientes que confluyen en esta época, la que se perfila con mayor nitidez es la que, nacida de las posiciones más extremas del modernismo, permite enlazar con el vanguardismo. Esta corriente tendría en Leopoldo Lugones Julio Herrera y Reissig sus máximos cultivadores. El primero en sus libros de madurez (Lunario sentimental) se anticipa al metaforismo desaforado de los ultraístas de los años 20; el segundo (La torre de las esfinges) abunda en el lenguaje barroco, en los neologismos y en las imágenes sorprendentes.
El modernismo no evolucionó en este único sentido. En los diez primeros años del siglo XX se produce una reacción moderada frente al modernismo, que no rompe con la poesía de Rubén, pero que introduce nuevos elementos estéticos y amplía el cuadro de posibilidades creadoras. Lleva los temas a lugares ignorados por los modernistas: la vida campesina, el suburbio, la intimidad hogareña; recursos olvidados por el modernismo vuelven a retomarse ahora: la ironía, el verso desnudo de retoricismo, la lengua  humanizada hasta llegar a lo prosaico.
No se puede hablar de una actitud antimodernista: se trata del propio modernismo que se disuelve en distintas tendencias, y de otras tendencias nuevas (americanismo, poesía del entorno), que ahora afloran.

De estas tendencias, Federico de Onís, en su Antología de la poesía española e hispanoamericana, 1934 (reeditada en 1961) hizo referencia a seis:
  1.  reacción hacia la sencillez lírica;
  2.  reacción hacia la tradición clásica;
  3.   reacción hacia el romanticismo;
  4.  reacción hacia el prosaísmo sentimental;
  5.  reacción hacia la ironía sentimental; y
  6.  poesía femenina.

Excepto la última, los límites entre estas tendencias son difíciles de fijar. Ninguna  de ellas estuvo ausente del modernismo anterior, ni ninguna desaparecerá totalmente con la irrupción del vanguardismo. Llamaremos la atención sobre dos poetas:

El argentino Leopoldo Lugones parte del modernismo formal más entusiasta (Las montañas de oro, 1897, y Lunario sentimental, 1909), con variedad y musicalidad en los versos, rima, encabalgamiento, imágenes, etc. Pero esos recursos formales se acompañan con dos temas tradicionales: la patria y el paisaje, que aparecen en otras colecciones como Odas seculares, Romancero, Romances del Río Seco. La poesía de Lugones es la poesía de la América rural amenazada por los inmigrantes y por la industrialización. Para él, la verdadera Argentina estaba en el campo y en las estancias gauchescas.
El peruano José Santos Chocano tuvo una vida turbulenta: encarcelado por sus ideas políticas, revolucionario en México, apoyó a Pancho Villa, en Guatemala colaboró con el dictador Estrada Cabrera, condenado a muerte, mató a un hombre en un duelo y murió asesinado cuando viajaba en tranvía. Su americanismo es el reflejo de esta vida agitada, salvado por ser uno de los primeros poetas que celebraron la historia, el paisaje y los habitantes indígenas del continente. Selva virgen, Cantos del Pacífico, Alma América.
El mejor resumen de este período postmodernista lo hace Anderson Imbert:
“Imposible clasificar la nueva poesía. Si uno se atiene a los mejores poetas de esta generación, se oirán distintos acordes. Algunos poetas se desvían hacia un trato más directo con la vida y la naturaleza. Son sencillos, humanos, sobrios (Fernández Moreno). Otros tienen un aire de sabiduría, de haber ido lejos y estar de vuelta con muchos secretos clásicos (Alfonso Reyes). Los más efusivos confiesan sinceramente lo que les pasa, sus angustias, sus exaltaciones (Gabriela Mistral). Están los de sentido humorístico, como si los hijos sospecharan que había algo de ridículo y cursi en la tradición familiar modernista (José Z. Tallet). Los hay cerebrales, especulativos (Martínez Estrada). O los de alma devota (López Velarde)1. Y los criollistas, los nativistas, los apretados contra su tierra (Silva Valdés). Y los de emoción civil y política (Andrés Eloy Blanco)”.
En Argentina
Es en Argentina donde primero se depuran los artificios modernistas. Enrique Banchs y Baldomero Fernández Moreno, que canta las cosas más vulgares de la vida (el hogar, la casa, la esposa, los hijos, los libros, el trabajo) son los representantes de esta tendencia.
En Uruguay
En Uruguay, después de la generación modernista, destaca Juana de Ibarbouru.
En Chile
En Chile el modernismo apenas había dado algún poeta importante, pero en esta época la poesía explota. Gabriela Mistral consigue el primer Premio Nobel para la literatura hispanoamericana; Vicente Huidobro será uno de los más ruidosos vanguardistas; luego Pablo Neruda.
En México
En México destaca Alfonso Reyes, por la importancia de su obra poética.
En Perú
En Perú  destaca César Vallejo, educado en la estética modernista, que abandona pronto el cosmopolitismo para adentrarse en lo nacional, en lo regional, en lo popular e indigenista. Sus temas son el amor erótico u hogareño, la vida cotidiana, la desilusión, la amargura y el sufrimiento.

Las poetisas

La tendencia temática intimista favoreció el desarrollo de una poesía de las experiencias emotivas que alcanzó una nutrida representación femenina. La aparición de un numeroso grupo de poetisas en la América hispana a principios del siglo XX constituye uno de los hechos más notables de la historia de esta cultura. No sólo por la cantidad, asombrosa para la época, sino también por la calidad. Las antologías reúnen hasta 150 poetisas (Elena Pecas contabiliza solo en Argentina más de 150).
Gabriela Mistral
Poesía hispanoamericana del siglo XXLa chilena Gabriela Mistral (seudónimo de Lucila Godoy Alcayaga, con el que expresó su admiración por los poetas Gabriele D’Annunzio y Frédéric Mistral)) obtuvo el Premio Nobel en 1945. Su producción no es muy extensa, pero es considerada por algunos críticos como la más alta expresión de la poesía femenina en lengua castellana. Su gran tema es el amor, y todos sus poemas son variaciones de este tema. Los primeros libros tienen tintes autobiográficos (Desolación): el despertar al amor, el pudor de no poder decirle al hombre lo que siente, el miedo de no merecer al amado, el sobresalto de perderlo, el desconsuelo y la humillación (el primer hombre al que amó se suicidó). Más adelante G. Mistral extiende su tema amoroso a un objetivo más universal: amor a Dios, a la Naturaleza, a la madre y al hijo frustrado (Tala). En Lagar el amor se estiliza a la tierra y a sus hombres.
Alfonsina Storni
La argentina Alfonsina Storni presenta una poesía personalísima, independiente, fruto descarnado, sin veladuras ni disfraces, de su lucha interior, de sus esperanzas, de sus fracasos. La fuerza de toda su poesía es el amor desde el sueño ideal, el amor puro, pasando por la pasión y entrega total, hasta caer en el desengaño y el odio. Al final queda como esencia el amor al hijo y al amigo. Acabó suicidándose. Algunos títulos: La inquietud del rosal (canta la pureza de los sentimientos), Languidez con ocre (nos lleva a la realidad externa, a la desilusión y desesperanza del amor), Mundo de siete pozos (la poesía del cerebro sustituye a la poesía de los sentimientos). A. Storni pasa de la vinculación al modernismo a la poesía de vanguardia.
Delmira Agustini
En Uruguay destacan dos poetisas: Delmira Agustini y Juana de Ibarbouru. La primera, todavía adolescente, asombró y escandalizó a la sociedad burguesa con unos libros (El libro blanco, Cantos de la mañana, Los cálices vacíos) en los que, saltando todas las barreras del pudor, se cantaba al amor en sus más turbadores momentos. Por vez primera una mujer joven abría su corazón con impúdica desenvoltura, y en su lenguaje audaz y sugestivo sacaba a la luz sus íntimos sentires: anhelos sexuales, ansias frenéticas de goces, concupiscencias larvadas. Su trágico fin (murió asesinada por su marido) contribuyó a su fama.
Juana de Ibarbouru
Juana de Ibarbouru fue coronada en 1925 como “Juana de América”. En su poesía destacan las imágenes de lo vegetal y lo animal con el goce de existir, en una obra poética que pasa por los ciclos orgánicos (nacimiento, juventud, madurez y vejez; y por las cuatro estaciones del año). Su poesía está cargada de metáforas y es un obstinado narcisismo. Algunas obras son Las lenguas de diamante, rosa de los vientos Perdida.
Dulce María Loynaz
La cubana Dulce María Loynaz vivió siempre en La Habana, en el ambiente ilustrado y culto creado por sus padres. Los Loynaz tuvieron correspondencia con García Lorca y fueron visitados por J.R.Jiménez y Gabriela Mistral. En 1919 aparecieron en el periódico La Nación sus primeros versos publicados: Vesperal e Invierno. Su obra poética, enmarcada en la corriente posmodernista, se caracteriza por un profundo carácter introspectivo, mediante el cual intenta dar voz al sujeto femenino, y por la creación de un mundo simbólico altamente sugerente. En su obra destacan Versos 1920-1938, Poemas sin nombreconsiderada su obra cumbre, Últimos días de una casa y una Antología lírica de 1993.
  • La poesía de vanguardia

Hacia 1918 en Europa, y un poco más tarde en América (en la década de 1920 a 1930), estalla una revolución que afecta a todas las esferas del arte. En lo literario esa revolución se llama “movimientos de vanguardia”. Desde mucho antes de la guerra mundial, a la que algunos consideran causa de este brote de innovación, la literatura que se hacía en el mundo era cada vez más insolente. Tal renovación partió de la pintura. Movimientos como el fauvismo, el expresionismo, el cubismo, el futurismo, el dadaísmo, el surrealismo, etc, traspasaron los umbrales del lienzo y llegaron al papel. No sólo se liberó a los versos de las ataduras formales, sino que llevaron el irracionalismo a su última consecuencia. Negaron la lógica, negaron el espacio y el tiempo. La inestabilidad de la civilización, el poder de la violencia, el desprecio al hombre, el absurdo de la existencia, el desengaño ante la “seriedad” del arte, se convertirán en sus principios.
En Hispanoamérica los experimentos poéticos recibieron un gran impulso, quizás debido a la posición aislada de los poetas, los cuales se encontraban libres de las críticas de los lectores. Hubo casos de poetas que desarrollaron su obra de modo aislado, por propia satisfacción y sin ningún pensamiento de fama o reconocimiento público, como Enrique Banchs, argentino, o José María Eguren, peruano.
Pero esto no fue lo normal. Desde 1900, los poetas tuvieron un gran número de revistas mediante las cuales se mantuvieron en contacto con el arte que se estaba realizando en Europa. En todas partes se hacía hincapié en las innovaciones y los experimentos. Después de la guerra europea, surge en Hispanoamérica un nuevo impulso nacionalista y la confianza de los intelectuales que ven en la decadencia de la civilización europea el comienzo de su futura fortuna artística.
Los movimientos europeos como el futurismo, el dadaísmo, el cubismo o el surrealismo calaron en Hispanoamérica, con fuerza y difusión diferentes. El futurismo, como en Europa, trajo temas del mundo y la vida contemporánea; el dadaísmo tuvo menor difusión, porque no había una burguesía fuerte a la que fustigar; el cubismo dejó honda huella en Vicente Huidobro, a quien hay que reconocer su papel de pionero de la vanguardia en estos países. Los poemas de Huidobro expresan una visión romántica de la vida a pesar de lo extraño y desconcertante de la técnica empleada. Con la aparición de César Vallejo se produjo el cambio a la nueva sensibilidad que exigían las técnicas vanguardistas. Estas técnicas fueron hispanizadas por los poetas del movimiento ultraísta. Entre ellos se encontraba Jorge Luis Borges, que, cuando regresa a Argentina, se convierte en una de las principales figuras de los círculos literarios de su país. El surrealismo fue la vanguardia que dejó más honda huella en Hispanoamérica, al considerarse como un movimiento de libertad interior.
No hablamos de estos movimientos en los países hispanoamericanos en el mismo sentido que en Europa. Los poetas se apoderaron de las técnicas y teorías extranjeras, pero las modificaron o las desarrollaron de un modo personal.
Conviene citar tres focos vanguardistas en Hispanoamérica:
  1. El grupo que colabora en la revista Contemporáneos, en México, centrado en las técnicas surrealistas: Xavier Villaurrutia, José Gorostiza y Bernardo Ortiz de Montellano, director de la revista.
  2. El grupo ultraísta de Buenos Aires, reunido alrededor de Borges, que se difunde en revistas como Proa y
    Prisma, Martín Fierro
     y Sur, que ofrecieron a los lectores argentinos lo mejor de la literatura contemporánea mundial.
  3. El grupo cubano de la Revista Avance, que dio lugar al movimiento de poesía afrocubana, con Nicolás
    Guillén
    . El estilo repercutió en Puerto Rico, en la obra de Luis Palés Matos, e incluso en Ecuador.
Vicente Huidobro
 Pasa por ser el padre del creacionismo. Es uno de los primeros poetas que se puso a la vanguardia de la literatura europea. Su poesía se presenta como aniquiladora del mundo real y, en el hueco que deja, levanta otro mundo ideal. La poesía es una creación absoluta. “El poeta es un pequeño Dios”, dirá Huidobro. Si Apollinaire había hablado de la poesía como una “servidumbre” a la naturaleza, Huidobro señalará “Non serviam”, título de su primer manifiesto; “no he de ser tu esclavo, Naturaleza; tendré mis árboles, mis montañas, mis ríos y mis mares, mi cielo y mis estrellas. Seré tu amo”. Más adelante confesará: “la primera condición de un poeta es la de crear, la segunda crear, y la tercera crear”. Algunos de sus títulos: Poemas árticos, Temblor del cielo y Altazor (publicado en 1931, pero escrito a lo largo de los diez años anteriores, consta de fragmentarios chisporroteos reflexivos e imaginísticos, en los que pueden observarse los sentimientos de libertad e individualismo característicos y constantes desde el Romanticismo a lo largo del siglo XX)  o El viaje en paracaídas, extenso poema que desarrolla la peripecia de un ángel caído que, en su descenso hacia la nada en un paracaídas, lanza desafíos y expresiones de angustia, al mismo tiempo que juega con las palabras hasta llegar a la incoherencia. Huidobro rechazó el futurismo (por demasiado extrovertido) y el surrealismo (su medio era un simulado automatismo) y avanza por la estética del creacionismo, que se hunde en la intimidad. Su lema fue “Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol”. Hasta su muerte se mantuvo fiel a esta estética, que no le impidió dar cuenta de una inquietud metafísica cada vez más acusada y ser uno de los primeros testigos lúcidos del absurdo contemporáneo.
Jorge Luis Borges
Poesía hispanoamericana del siglo XXFue el mejor teórico del movimiento ultraísta y su principal difusor. A su vuelta a Argentina, fijó los principios de la nueva práctica poética: reducción de la lírica a la metáfora, como su elemento primordial; tachadura de las frases, nexos, adjetivos y elementos inútiles; abolición del ornamentismo, etc.
Borges (Fervor de Buenos Aires) demuestra en su poesía un culto a la metáfora misma y una preferencia por los temas de siempre: amor, muerte, dolor, soledad, naturaleza; pero, desde un principio, estos temas quedan trascendidos por preocupaciones metafísicas: el tiempo, el sentido del universo, la personalidad del hombre. Son los mismos condicionantes que pueblan su obra narrativa.
Los principios estéticos borgianos se pueden reducir a dos: a) fe en la creación, lo que le hace renovar constantemente sus hallazgos poéticos; b) pesimismo nihilista derivado de las limitaciones que envuelven al poeta. La literatura de Borges evoluciona en tres etapas: 1) El ultraísmo (1918-1930), con Fervor de Buenos Aires o Luna de enfrente; 2) El rechazo del ultraísmo (1930-1958), con la mayor de sus obras en prosa; 3) El reencuentro con la poesía personal (1959 hasta su muerte, en 1986), cuando destacan El hacedor; El otro, el mismo; Elogio de la sombra o La rosa profunda.
La poesía indigenista
Entre las diversas muestras de la americanización de la vanguardia, la más interesante es la poesía negra o afroantillana. El Caribe fue su ámbito de mayor difusión.
El interés por la negritud obedece a muchos factores, entre los que no se descarta la aspiración hacia el primitivismo que se había visto en Europa a fines del siglo XIX, al entrar en crisis los valores tradicionales. El espectáculo de la decadencia de Occidente, que se ejemplifica con la primera guerra mundial, confiere importancia a lo instintivo, a la naturaleza, a las
culturas africanas y primitivas. Este primitivismo se había dejado sentir intensamente en la música (jazz) y en la pintura (fauvismo).
En este ambiente nace la poesía afroantillana, urgida por la búsqueda de definiciones nacionales. Nicolás Guillén (con el portorriqueño Palés Matos y el cubano Emilio Ballagas) será el máximo representante.
Nicolás Guillén
Nicolás Guillén transitó los caminos del postmodernismo, y posteriormente los de las vanguardias, pero pronto su negrismo dejó apartadas las preocupaciones formales para adentrarse en las preocupaciones sociales y políticas. West Indies Ltd., Cantos para soldados y sones para turistas, El son entero, La paloma de vuelo popular son obras que muestran el compromiso con los hermanos de raza, con los desheredados del mundo y sitúan al poeta frente al imperialismo y la injusticia. También abundan los temas del amor y del misterio de la muerte.

Poetas destacados

César Vallejo
Su poesía merece especial atención, tanto por su calidad como por su difícil adscripción a las corrientes literarias de la época. Formado en los clásicos castellanos, en el romanticismo y en el modernismo, terminó de forjar la idea del poeta como aristócrata del espíritu, ajeno al materialismo reinante y como personificación de la rebeldía frente a los valores establecidos. En 1918 publicó su primer libro de poemas, Los heraldos negros, donde la herencia modernista se manifestaba en cierta ornamentación retórica y en una imaginería derivada de Rubén Darío y de Herrera Reissig. El tono del libro distaba de ofrecer una visión armónica del Universo (el sentimiento dominante es la tristeza y la soledad del hombre ante su destino, la muerte), y eso se expresaba por medio de irregularidades métricas y rítmicas, de adjetivos insólitos, de imágenes difíciles. Esto justifica la frecuente distinción en la obra de Vallejo de una poesía accesible, comunicativa, manifestación de sus experiencias personales, frente a otra hermética, de simbolismo complejo, orientada hacia la captación de lo inefable. En Los heraldos negros predominaría la primera. Con Trilce (1922) volaron en pedazos las tradiciones literarias. Sus versos son libres, en los metros y ritmos, liberados de la sintaxis y de la lógica; sus poemas son irracionales, ininteligibles. Grafías arbitrarias, encabalgamientos abruptos contribuyen a presentar la ansiedad del poeta ante la intuición del caos insuperable. La diferencia con los poetas de vanguardia es que la poesía de Vallejo no está deshumanizada. Su emoción, su protesta ante la injusticia, su sentimiento de fraternidad con los oprimidos se levantan entre la libertad de la versificación. En 1923 Vallejo se establece en París, donde se relaciona con escritores y artistas de vanguardia. Con Juan Larrea colaboró en la fugaz revista Favorables París poema; escribe la novela El tungsteno y viaja por España y la Unión Soviética. Su conversión al marxismo es decisiva para su poesía última, reunida en Poemas humanos, que incluye poemas que recuerdan a Trilce junto a otros que recuperan la capacidad comunicativa de la palabra. En estos últimos, Vallejo manifiesta su acuciante solidaridad con el ser humano oprimido y desheredado: la realidad social del Perú, los atropellos e injusticias. Las asociaciones insólitas y las imágenes extrañas no impiden que las reflexiones se hagan coherentes. Su obra póstuma, recogida bajo el título mencionado de Poemas humanos, incluye España, aparta de mí este cáliz, en el que se coloca al lado de los republicanos en la guerra civil, es decir, al lado de las víctimas, ya que la preocupación central sigue siendo el hombre. Quizás la novedad esté en la aparición de una cierta esperanza, en la aspiración a una sociedad futura sin opresión ni miseria.
Pablo Neruda
Poesía hispanoamericana del siglo XXCon su poesía se pueden establecer cinco escalones. En el primero (Crepusculario) el tono es modernista, de lenguaje convencional, de formas tradicionales, pero ya se pone de manifiesto una sensibilidad abierta hacia el sufrimiento de los demás y un anhelo de comunión panteísta que se ve empañado en ocasiones por el sentimiento del fracaso. En el segundo (Veinte poemas de amor y una canción desesperada) aparece la poesía personal de Neruda, menos literatura, más sinceridad; hay un intento de romper con las formas tradicionales (sintaxis, ortografía) en Tentativa del hombre infinito.Neruda se va liberando de las convenciones poéticas, se decide por el verso libre, prodiga las imágenes insólitas, en un lenguaje cada vez más rico en significados, capaz de expresar la amargura y el dolor de existir en tinieblas. En el tercero encontramos al poeta cabal, volcán imaginativo que el crítico no puede desentrañar. Residencia en la tierra es la obra cumbre, que entusiasmó a los lectores intelectuales, presentaba un conjunto de intuiciones, de metáforas, de imágenes difíciles de desentrañar. Abundó en imágenes visionarias, en asociaciones inéditas y en enumeraciones caóticas, para dar cuenta de su desolación existencial, de sus obsesiones de descomposición y de muerte, de sus vivencias sombrías. El cuarto demuestra el espectáculo de la muerte y de la injusticia, el despertar de la conciencia política en su estancia en España en los años anteriores a la guerra (España en el corazón). Neruda aprovechó las circunstancias para polemizar con Juan Ramón Jiménez a favor de una poesía “impura”, “penetrada por el sudor y el humo, oliente a orina y azucena”. Una poesía humanizada, que buscaba el encuentro con la realidad del sufrimiento, de la degradación y de la muerte. El poeta va desnudando las imágenes y aumentando el tono  de oratoria. Sus metáforas nacen unidas a conceptos y valores universales: Tercera residencia y Canto general. En Canto general Neruda ha descubierto “la sangre en las calles”, la historia que reclama la atención del poeta, del gran testigo llamado a convertirse en el cronista por excelencia. Su poesía adquiere un carácter épico-narrativo, proclive a un prosaísmo consciente. Reniega de su etapa anterior y abandona la expresión subjetiva a favor de otra llana para convertirse en portavoz de su pueblo, de América, de la raza, de la naturaleza, del universo. En el quinto (Odas elementales) Neruda rechaza su propio pasado, su angustiosa visión del mundo hundido, su trágica soledad, su altivo surrealismo. Ahora el poeta quiere llegar a los hombres sencillos, a las masas, en una actitud elemental que busca la voz adecuada para cantar en tono menor las cosas más insignificantes. Neruda es el poeta proletario que resalta la utilidad (no la belleza) de los objetos y de la poesía en tono didáctico y moralizador. En su obra posterior (Cien sonetos de amor, Memorial de Isla Negra, Fin de mundo) predomina una síntesis de sus preocupaciones, de sus sentimientos personales y de las inquietudes sociales.
Octavio Paz
Poesía hispanoamericana del siglo XXEs considerado en México como el mejor teórico hispanoamericano del surrealismo y, por algunos años, uno de sus poetas más representativos. Pero, antes de que esto ocurriese, la labor de Octavio Paz era considerable: había colaborado en varias revistas y había dado a conocer una importante producción poética que reunió en el volumen titulado Libertad bajo palabra. Su iniciación poética tuvo que ver con las lecturas de los poetas españoles del momento y con la recuperación de los clásicos castellanos, pero, siguiendo una evolución ideológica característica de los años 30, mantuvo preocupaciones
sociopolíticas, que abandonó cuando se produjo el pacto entre Hitler y Stalin. Desde entonces fue constante en sus críticas a los regímenes totalitarios e incansable en su defensa de la libertad, tanto en la vida como en las manifestaciones artísticas. Cuando entró en contacto con el surrealismo (al viajar a París en 1945), este movimiento le interesó porque en él vio culminado el rechazo de la herencia racionalista. El surrealismo, desde la óptica de Paz es una visión del mundo. Del surrealismo francés resaltó los valores de la imaginación, del amor y de la libertad; veía en él una reacción contra el conformismo y la rutina, y un intento de transformar la realidad por medio del amor y de la literatura. Esta práctica surrealista está presente en las obras de los años cuarenta y cincuenta: ¿Águila o sol?, Semillas para un himno, Piedra de sol (un poema concebido como un viaje interior a través del espacio, el tiempo, la conciencia, la realidad y el sueño) y La estación violeta. Esta etapa (hasta 1962), Salamandra, está dominada por acusadas preocupaciones existenciales, por el tono angustiado que se extiende por todo el mundo, tras la Segunda Guerra Mundial, y agudiza el sentimiento del caos o del absurdo. Entre 1962 y 1968 vivió en La India, y el variado pensamiento oriental enriqueció sus meditaciones sobre el mundo, la vida y el arte. La poesía se convirtió en un arte gozoso y de plenitud, en una comunión con los otros y con la naturaleza: Ladera este, Hacia el comienzo. En estos años meditó sobre las aportaciones de los grandes protagonistas de la poesía moderna (Mallarmé, Apollinaire) y se apoyó en las teorías lingüísticas y semiológicas para definir la poesía como una continuidad encarnada en la realidad del lenguaje: el sentido del poema radica en las relaciones que las palabras establecen en el propio poema. Blanco, Topoemas y Discos visuales son libros de esta etapa. Con Vuelta y Pasado en claro regresa a las inquietudes de antaño.
José Lezama Lima
 poesía hispanoamericana del siglo XXNació en La Habana en 1910, hijo de un coronel, quedó huérfano de padre a los nueve años y dedicó sus poemas a su madre, hasta que ella falleció en 1964. Licenciado en Derecho, colaboró con las revistas Verbum (1937) y Orígenes (1944-57). Su formación literaria le llevó a crear un mundo libresco en el que renacen las figuras de la mitología grecolatina, los clásicos españoles (Cervantes, Góngora, Quevedo, Gracián) y los poetas franceses Valéry y Mallarmé. Sus primeros libros de poesía le darán a conocer en Cuba: Muerte de Narciso (1937), Enemigo rumor (1941), Aventuras sigilosas (1945), La fijeza (1949) y Dador (1960). A esto habría que añadir sus libros de ensayos y el libro que le consagra internacionalmente, su novela Paradiso, de 1966, una narración barroca y erótica. Rafael Conte destaca la cultura universal y totalmente antiacadémica de Lezama, con constantes referencias pertenecientes a todos los países y a todas las épocas históricas. Su apelación al barroquismo hispánico le sirve para conectar con la amplia y desbordada naturaleza americana, para crear un lenguaje innovador, donde cada palabra quiere aportar todos los sentidos posibles. Su Poesía Completa se publica en La Habana en 1970, donde quedan recogidos desde los sonetos al verso libre, con respeto hacia los signos de puntuación y cuyo interés radica, sobre todo, en las palabras inesperadas que incluye en sus poemas.

La poesía de final de siglo

Otra corriente, a cuyos cultivadores Mario  Benedetti llamó “los poetas comunicantes”, pretenderá conseguir una comunicación directa con cualquier lector. Esto se traducirá en el empleo de un lenguaje coloquial, a fin de representar inquietudes compartidas por la mayoría: existenciales, religiosas o políticas.
Esta corriente comienza su desarrollo en los años cincuenta y se presenta como una reacción frente al absurdo, frente a la alienación que padece el hombre contemporáneo. Los problemas políticos y sociales son tan acuciantes que no pueden ser olvidados. La diferencia de estos poetas con los precedentes es su actitud frente a la propia tarea.
Nicanor Parra
El chileno Nicanor Parra, el poeta más significativo, pone el énfasis en lo antipoético, en la oposición a la tradición. Empezó escribiendo poemas sencillos, sentimentales, pero su originalidad se percibe en Poemas y antipoemas (1954) Su
poesía es antirromántica, antiheroica, antisacerdotal. En los antipoemas prima lo popular frente a lo aristocrático, el lenguaje ordinario y conversacional, las anécdotas simples y banales. Parra prefirió las vidas rutinarias de los ambientes rurales y trató de reflejarlas sin gestos dramáticos: La cueca larga, Canciones rusas, Camisa de fuerza.
Ernesto Cardenal
Ernesto Cardenal, el más conocido poeta nicaragüense, se inició en el subjetivismo neorromántico (La ciudad deshabitada, Proclama del conquistador). Desde 1949 buscó su inspiración en temas históricos y sociales (Hora 0, Epigramas, El estrecho dudoso, Homenaje a los indios americanos). Su poética es coloquial y realista, antiacadémica y comprometida. Emplea el verso libre. Las preocupaciones religiosas, inseparables de su condición de sacerdote, ocupan un
lugar importante en su poesía y se funden con las sociales.
Mario Benedetti
Mario Benedetti es partidario de la expresión clara y directa. Se advierte en su obra poética, reunida en Inventario, una
evolución desde las preocupaciones existenciales hasta el compromiso político. Interesa especialmente su reflexión pesimista sobre una clase media uruguaya en profunda crisis y sobre el tedio de la vida ordinaria en los centros urbanos que se reflejan en sus Poemas de oficina. Su crítica se acentuó en la poesía de Vientos del exilio.
Además de estos tres, son muchos los poetas que contribuyen al desarrollo de una poesía en contacto y relación permanente con la realidad circundante. En Chile, contrasta el coloquialismo íntimo de Efraín Barquero con el lenguaje complejo que utiliza Enrique Lihn (que parte del movimiento de la antipoesía para llegar al irrealismo y al textualismo), que escribe una poesía atormentada; en Argentina, el regreso a lo auténtico, a lo individual, a los problemas sociales del país, se advierte en César Fernández Moreno, con Argentino hasta la muerte, y Juan Gelman escribe una poesía urbana y política, que se expresa en un lenguaje coloquial; en Cuba se percibe el impacto de la revolución castrista en Pablo Armando Fernández. El humor y la ironía sirven para afrontar el absurdo en la poesía del mexicano Jaime Sabines, que convierte en poesía cada instante de su vida y toca la temática amorosa, la existencial, la elegíaca, la política y la cotidiana. También el humor y la ironía se encuentran en la poesía del peruano Antonio Cisneros. En Ecuador, Jorge Enrique Adoum llega a un barroquismo expresivo cuando quiere representar la identificación del poeta con las fuerzas telúricas de la Naturaleza, es el poeta de la desilusión y de la tristeza. En México, Rosario Castellanos recoge en su poesía la preocupación por los más desfavorecidos, y José Emilio Pacheco une la tradición y la experimentación para reflexionar, en un estilo antirretórico, sobre el tiempo como agente de la destrucción universal.
NOTAS
1.- El poeta mexicano Ramón López Velarde escribió el libro de poemas La sangre devota (1916), al que siguió Zozobra (1919), que marcaron en su país la transición entre el modernismo y las nuevas corrientes de la vanguardia
poética.
Autora: Encarna Pérez
género de novela

¿Qué género de novela te parece más difícil de trabajar?

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¿Qué género de novela te parece más difícil de trabajar? ►

Los autores solemos tener tendencia a trabajar un número reducido de géneros, y en muchos casos es uno solo. Hay géneros que nos resultan más cómodos y otros en los que nos sentimos absolutamente extraños e incómodos.

Hoy hemos preguntado a nuestros tutores cuál es para ellos el género que les parece más difícil de trabajar, y estas han sido sus respuestas:


 

Ana GonzálezAna González Duque, tutora de ► Blogging y Redes Sociales para Escritores

Sin duda ninguna, la novela histórica. Lleva un trabajo de documentación imponente detrás, que te puede fallar por un detalle ínfimo.

 


Jaume VicentJaume Vicent, tutor de ► Novela negra y de misterio y de Introducción al terror

Para mí el genero más complicado de escribir es el humor. Siempre dicen que el sarcasmo (que no es lo mismo que la ironía) pierde su efecto escritor y es verdad, es muy difícil que tenga ese resultado ácido al ser escrito y casi siempre se confunde o pierde por completo el efecto. Hay que ser muy fino y escoger con mucho cuidado las expresiones si quieres que te salga bien. Para mí, lo más complicado.


 

Yolanda GonzálezYolanda González Mesa, tutora de los talleres de ► Productividad para escritores y Scrivener

No creo que haya un género más difícil que otro, todos tienen sus ventajas y sus dificultades.
Por ejemplo, el género de novela histórica te obliga a una profunda labor de documentación y a ajustarte a los hechos reales más que otros, pero, por otra parte, te da una base sobre la que crear tu historia.
En cambio en el género fantástico tienes que crear tú mismo el mundo en el que transcurre la narración, lo que supone un esfuerzo extra de imaginación, pero a la vez te da una libertad creativa total.
El género romántico te obliga a trabajar en profundidad los sentimientos para no caer en tópicos y cursilerías, mientras que la novela negra requiere concentrarse en la acción y en construir una trama que suponga un reto intelectual para el lector, además de un entretenimiento.
Por tanto, creo que a cada autor nos parece más o menos difícil un género en función de nuestras preferencias personales como escritores y lectores, más que por las dificultades intrínsecas del propio género.

Estoy con Yolanda, es complicado determinar qué género es más fácil o difícil, dependerá siempre del autor, de lo que le guste, de lo que conozca, de sus experiencias y habilidades. En mi caso particular… la novela erótica sería muy complicada, aunque me he enfrentado a escenas eróticas, me cuesta mucho decir sin decir, sin ser explícito o burdo. Considero que la novela romántica es complicada, por un tema de originalidad, creo que sería difícil escribir novela romántica original. También es verdad que es un género que no me atrae nada, por lo que escribirla sería muy difícil para mí. Pero lo dicho, seguro que habrá autores que no puedan con la fantasía, género donde me siento muy a gusto, como sabéis. Depende de cada escritor.


Raquel Martin CaraballoRaquel Martín Caraballo, tutora de ► Literatura Infantil y Juvenil

Pues estoy completamente de acuerdo con lo que han expresado Chris y Yolanda.
No creo que haya géneros intrínsecamente más difíciles que otros, sino que va a depender siempre del gusto, la preparación y el bagaje del autor.
En mi caso en concreto, me siento más capacitada para enfrentarme al reto de una novela de corte histórico o a un texto erótico (por citar lo contrario a lo que expusieron algunos compañeros) que, por ejemplo, al género fantástico, con el que me identifico mucho menos.
Mi compromiso con este elemento (lo fantástico) está más en la línea cortazariana de hacerlo irrumpir en la esfera de lo cotidiano, con su consiguiente efecto de “extrañamiento”, mucho más que en la creación de mundos en sí mismos fantásticos que no suelo transitar tanto como lectora. Me costaría mucho escribir sobre elfos, hadas, duendes o criaturas extrañas de territorios indeterminados, porque no es un género que frecuente demasiado. Por la misma razón, la novela negra o de corte detectivesco supondría para mí un reto de mayor calado que quizás el género romántico. Creo que la motivación personal siempre va a ser determinante en esta cuestión.


Víctor JVíctor J. Sanz, tutor de varios talleres de ► Narrativa

A mí me pasa como a Chris, no me veo capaz de hacer una novela romántica original y medio interesante, no es un género que me llame y ahí está precisamente la dificultad. Como bien dice Yolanda, no es el género lo difícil, sino la relación del autor con cada género, por su personalidad, sus preferencias, sus gustos, y sus virtudes y defectos como prosista.


 

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vicio como escritor novel

¿Cuál fue tu mayor vicio como escritor novel?

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¿Cuál fue tu mayor vicio como escritor novel? ►

En esta edición de la Mesa Redonda Virtual nuestros tutores muestran su lado más humano y comparten con alumnos y lectores los vicios que sufrieron como escritores noveles. Es de justicia reconocer que, en tanto que ente en formación, un escritor no se ve nunca perfectamente limpio de vicios y malos hábitos, pero un paso en la buena dirección es reconocer el error, tenerlo controlado y luchar contra él con todas las armas al alcance.

Deja tu comentario y comparte con nosotros cual es o cual fue el peor hábito al que tuviste (o aún tienes) que enfrentarte.


Víctor L. BrionesVíctor L. Briones, tutor de ► Creación y Lenguaje Poético

Mi mayor vicio era (y aún hoy a veces me cuesta a pesar de que me lo tome como un ejercicio obligatorio) no aceptar la crítica. Ni siquiera la buscaba. Hoy sé que un par de voces sabias y de confianza te ayudan a mejorar y a ver lo que tu creador egocéntrico no puede. El único requisito para buscar esos críticos amigos es que desde el principio se destierre la complacencia.


Ana GonzálezAna González Duque, tutora de ► Blogging y Redes Sociales para Escritores

Creo que mi mayor vicio, que -gracias al cielo- he conseguido subsanar, era el pensar que era mejor publicar con editorial que autopublicar con calidad. Probé ambas cosas y creo que me quedo, por el momento, con la segunda.


Rebeca Rus_Rebeca R. Rus, tutora de ► Comedia Romántica

Pecaba mucho de impaciencia a la hora de finiquitar las novelas y de pasar a la fase de corrección, lo que sin duda es un grave fallo de escritor novel. Tras muchos meses inmersa en las estructuras y la trama, estaba tan deseosa de terminar que me precipitaba irremediablemente. Mal, mal, mal.


Chris J PeakeChris J. Peake, tutor de ► Novela Fantástica

Mi mayor vicio, con el cual sigo peleándome, debo admitir, son los signos de puntuación. Cuando releo y reviso, me doy cuenta de que cuando estoy inspirado, dedicado al arte, soy generoso hasta el vicio al poner comas y puntos supensivos, que después me veo obligado a quitar. No puedo evitarlo, supongo que no es lo mismo escribir que leer, y uno escribe a su manera, a pesar de que haya que atender más a cómo se va a leer.

Menos mal que la revisión es un deber, el bendito deber de autocriticarse.


Isabel M BarqueroIsabel Martínez Barquero, tutora de ► Iniciación en el relato

Creo que mi mayor vicio fue el intentar decirlo todo, como si tuviera que agotar todos los temas en un solo libro. Me costaba ceñirme a una sola idea o a varias muy concretas. Aún no había descubierto las virtudes de la elipsis o la complicidad que genera con el lector la mera sugerencia, para que este complete y se sienta partícipe de la historia.


Raquel Martin CaraballoRaquel Martín Caraballo, tutora de ► Literatura Infantil y Juvenil

Mi mayor vicio es quizás no dar a leer mis manuscritos a nadie de mi entorno, al menos hasta que ha pasado bastante tiempo desde su cocción. No es tanto una cuestión de no aceptar críticas como de ser excesivamente celosa y reservada con lo que escribo (incluso en la fase previa de inspiración y de generar la idea). Es una especie de “superstición” personal, que me lleva a sentir que si hablo del libro antes de tiempo puede perderse por el camino. Soy consciente de que esta manía me puede limitar bastante, pues el punto de vista crítico de mis amigos cercanos quizás podría aportarme aspectos que yo no veo. Pero es un vicio que no he terminado de corregir. Escribo, corrijo y envío mis trabajos sin pasar antes por esos primeros filtros más próximos.


Yolanda GonzálezYolanda González Mesa, tutora de los talleres de ► Productividad para escritores y Scrivener

Tenía varios vicios que dieron como resultado una bonita colección de manuscritos inacabados:
1. No tener paciencia con las nuevas ideas: si estaba escribiendo algo, y se me ocurría una idea para una historia nueva, no podía esperar para empezarla, así que abandonaba la anterior a medias, y me lanzaba sin más a escribir.
2. Modificar los primeros capítulos en función de cómo iba desarrollándose la historia: es lo que llamo la trampa de los primeros capítulos. A medida que vas escribiendo, a veces la narración te pide una voz narrativa distinta de la que habías elegido, o un cambio en los personajes, en el escenario, etc. Cuando esto me ocurría, reescribía esos primeros capítulos y ante cualquier nuevo cambio, volvía a reescribirlos y el resultado es que caía en un círculo vicioso que me llevaba a aburrirme de la historia.
3. No callar mi editor interno mientras escribía: esto hacía que me dedicara más a reescribir que a escribir y mis historias no avanzaban.

Víctor JVíctor J. Sanz, tutor de varios talleres de ► Narrativa

Me pasaba mucho lo que le comenta Isabel, es decir, querer contarlo todo. Cuando uno está embebido en una historia y la conoce bien, no ve el momento de soltar todo lo que sabe para que el lector disfrute tanto de la historia como uno mismo. Es un grave error, desde luego, pues el lector disfruta con una historia bien contada, si quiere información abundante no lee una novela, lee una enciclopedia.


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Scribere, balance de la primera semana

Scribere, balance de la primera semana

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Hoy se cumple una semana desde el lanzamiento oficial de nuestra revista Scribere, la revista hecha por quienes escriben y enseñan a escribir, y para quienes leen, escriben o quieren aprender a escribir.

Recuerda que puedes descargarla aquí:

revista Scribere, portada completa

Es momento de hacer balance:

Scribere, balance de la primera semana ►

Estamos muy satisfechos con los resultados porque, entre otras cosas, durante esta primera semana hemos recibido muchos comentarios de bienvenida, de agradecimiento y de elogio de los contenidos, lo que agradecemos enormemente porque constituye, no solo un pago enorme por el esfuerzo realizado, sino también un aliento para seguir trabajando y profundizando con toda la intensidad y la ilusión con la que hemos arrancado.

También hemos recibido en esta primera semana un gran número de colaboraciones de personas relacionadas con el mundo de la escritura desde los sectores más variados. A todos ellos nuestro más sincero agradecimiento. Estudiaremos las propuestas con todo detenimiento.

Además de todo eso, la difusión que estamos alcanzando es muy importante, ya que hasta el momento se han registrado, en esta primera semana, cerca de 4 000 descargas.

Todo esto nos ha hecho comprender que Scribere va a tener muy pronto otras necesidades como un espacio web propio y un servicio de suscripción para todos aquellos que deseen recibir en su bandeja de entrada un ejemplar de los próximos números. Scribere, balance de la primera semana

También queremos anunciar que ya trabajamos en los contenidos del segundo número, que publicaremos en los primeros días de septiembre. Entre ellos habrá un concurso de relatos apadrinado por nada menos que Santiago García-Clairac, quien ya nos habló en el primer número de su Dragontime.

Scribere, balance de la primera semanaDe todo esto y de muchas más cosas sobre Scribere hablará nuestro director, Víctor J. Sanz, en directo en el programa Preferències de Radio 4, Radio Nacional de España, con su director José María Carrasco. El programa se emitirá el próximo miércoles día 15 de 21:00 a 22:00. Quienes estéis en Cataluña podéis conocer las frecuencias de emisión por radio aquí. Para el resto podéis escuchar la entrevista en directo vía Internet desde: http://www.rtve.es/radio/radio4/

Revista Scribere

Nace la revista Scribere

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Nace la revista Scribere, la revista de escritores, para escritores y para aficionados a la lectura.

En la Escuela de Formación de Escritores hemos pensado que era nuestro deber estar lo más cerca posible de todos aquellos que compartan con nosotros la pasión por la escritura, bien porque tengan la fortuna de practicarla o bien porque tengan el deseo de hacerlo, y con todos aquellos que, desde un punto u otro, quieran consolidar su formación como escritores.

La revista Scribere se publicará con una frecuencia bimestral y tendrá todo tipo de contenidos relacionados con el oficio de escritor y con quienes desarrollan alguna actividad relacionada con él, como editores, agentes literarios, críticos, correctores, ilustradores…

En este primer número contamos con la presencia de escritores como José Barroso, José Juan PicosSantiago Casero o Santiago García-Clairac, quienes han tenido la amabilidad de hablarnos acerca de sus últimos trabajos.

También contamos con trabajos de poesía y narrativa, algunos de ellos escritos por alumnos de la Escuela y con una excelente factura.

Además, los tutores de la Escuela ponen sus conocimientos al servicio de los lectores en nuestra Mesa Redonda Virtual, con los diálogos como tema central en esta ocasión. Ellos nos cuentan qué elementos debe tener un buen diálogo.

Puedes descargar gratis la revista Scribere clicando en esta imagen:revista Scribere, portada completa

Si escribes poesía o narrativa, si haces reseñas o entrevistas, si escribes artículos o eres ilustrador o fotógrafo, o si tienes una propuesta original que te gustaría ver publicada en el próximo número, envíanosla a:

scribere@escueladeformaciondeescritores.es

De momento te dejamos con el índice de contenidos de este primer número. Esperamos que te guste.

Revista Scribere. En este primer número contamos con la presencia de escritores como José Barroso, José Juan Picos, Santiago Casero o Santiago García-Clairac, quienes han tenido la amabilidad de hablarnos acerca de sus últimos trabajos. Revista Scribere

Como escritor, ¿qué tipo de narrador prefieres?, y ¿como lector?

By | Mesa Redonda Virtual | 5 Comments

Como escritor, ¿qué tipo de narrador prefieres?, y ¿como lector? ►

Cada autor parece más comprometido o más cómodo, al menos, con un tipo de voz narradora. Pero también cada lector siente especial predilección por cierta forma de contar historias. La voz personal del narrador en primera persona puede profundizar tanto en lo íntimo del ser humano que turba, aterra o aburre a cierto tipo de lectores, que se ven más atraídos por la visión de conjunto y por la dinámica narrativa no sujeta a las cadenas de la personalidad o de los pensamientos del narrador que le ofrece el narrador omnisciente. Otros lectores prefieren adentrarse hasta la médula misma del personaje y vivir intensamente con él las mismas experiencias que dispone para él la narración.

Nuestros tutores se han sentado en nuestra Mesa Redonda Virtual y han dado su opinión sobre este asunto. Hay una silla para ti, ¿te sientas con nosotros y nos dejas tu opinión en un comentario?


Chris J PeakeChris J. Peake, tutor de ► Novela Fantástica

No creo que pueda responder a cuál es mi narrador favorito. Creo que el narrador lo demanda la propia historia, su naturaleza se va configurando a medida que trabajas en el argumento, en la trama, en los personajes y en como presentar todo ese puzle. Es una pieza más de la historia, y cada historia necesita su narrador. No me atrevería a decantarme por uno a priori. Algo muy importante para determinarlo, son los propios personajes, pues él es uno de los personajes, y hay que determinar su papel en la historia, de la misma manera que se hace con lo demás.

En todo caso, a riesgo de contradecirme, diría que suelo usar un narrador testigo. No me gustan los narradores omniscientes, que lo saben todo. Al menos, hay que tener mucho cuidado con ellos. Pero sí me gusta jugar con la información que poseen: ésa es su principal función.

En cuanto a mi yo lector, creo que es incluso más difícil quedarse con uno. Lo que está claro, es que un narrador mal elegido, sin funciones claras, o cuyo autor no respeta, manda una historia a la trituradora.


Raquel Martin CaraballoRaquel Martín Caraballo, tutora de ► Literatura Infantil y Juvenil

Secundo la opinión de Chris. No puedo quedarme a priori con un narrador determinado. Creo que cada historia, por su naturaleza particular, demanda el suyo, necesita el suyo, exige el suyo. Y cuando se elige mal, simplemente, la historia chirría y no funciona. Como escritora creo que evito mucho la omnisciencia. Si elijo la tercera persona narrativa, por lo general, suelo renunciar a esos poderes extraordinarios en favor de una voz más equisciente, con más capacidad para observar y estar atenta a los “pequeños gestos” que puedan translucir pensamientos o sentimientos que a la facultad de penetrar directamente en las mentes de los personajes. Y si la historia me pide una omnisciencia más marcada (estar en todas partes y saberlo todo), al menos procuro que de ese poder no se deslicen nunca juicios de valor.

Cuando, por necesidades de la historia, he de situar la voz narrativa en la primera persona, creo que tiendo a arrimarme más al narrador-testigo que al protagonista, quizás por la misma razón: normalmente me parece más interesante no tener acceso a los pensamientos del resto de los personajes, lo que convierte a la voz en ese “espía detrás de la ventana” que tanta vivacidad puede aportar a la historia.
Una voz que me encanta (como escritora y como lectora) es la del narrador en segunda persona. No es muy habitual, pero cuando ese “tú” narrativo está justificado y logrado puede darnos registros de enorme belleza e intensidad.

Aprendí lo que sé de autores como Robert Graves, Marguerite Yourcenar, Amin Maalouf y Mujica Laínez (así, con los acentos cambiados, como él quería). Y a ellos les gustaba la primera persona: Claudio, el conde Belisario, Adriano, Orsini y León el Africano; otra cosa me parece tirar la piedra y esconder la mano.


Víctor L. BrionesVíctor L. Briones, tutor de ► Creación y Lenguaje Poético

Un poco en la línea de lo que se ha dicho opino que el narrador ha de ser ante todo sincero. Incluso hasta un narrador que no es el que más puede beneficiar de primeras a una historia puede salir del trance de forma solvente si se muestra como fiable.

Aunque reconozco que siento cierta debilidad por una buena historia contada en primera persona y con una buena dosis de humor.


Rebeca Rus_Rebeca R. Rus, tutora de ► Comedia Romántica

Como Víctor tengo una debilidad por las historias contadas en primera persona, pero intento salirme en ocasiones de ese tipo de narrador para experimentar otra forma de trabajar el humor. Si bien es cierto que el narrador tipo omnisciente es más árido para escribir comedia, pero siempre hay maneras de dar con la forma de hacerlo. Nunca tengo muy claro qué tipo de narrador voy a seleccionar, es el tono el que me lo va dando.


Yolanda GonzálezYolanda González Mesa, tutora de los talleres de ► Productividad para escritores y Scrivener

No tengo preferencias en cuanto a narradores, ni como lectora ni como escritora. Creo que el buen narrador es el que acompaña al lector sin hacerse notar, incluso cuando se trata de narradores en primera persona.
Por eso es importante no forzar dicha elección, sólo porque en los manuales de escritura dicen que tal narrador hace que  el lector empatice con el protagonista, o que otro es mejor porque presenta los hechos de manera objetiva.
Debemos dejar que la historia suene en nuestra cabeza, y escuchar qué narrador nos la cuenta.

Víctor JVíctor J. Sanz, tutor de varios talleres de ► Narrativa

Me gusta mucho lo que ha dicho Yolanda: “…sin hacerse notar, incluso cuando se trata de narradores en primera persona”.

Creo que cada historia pide su tipo de narrador, del mismo modo que pide su ambientación, sus personajes y casi hasta sus hitos narrativos. En mi taller La voz narradora hago diversos ejercicios precisamente con el fin de que el alumno aprenda a detectar cuál es ese narrador que pide la historia que va a escribir. A mí, como autor me gusta desarrollar historias que piden narradores omniscientes, y también me siento cómodo con la primera persona.

Como lector me quedo con lo que dice Yolanda, me gustan las historias en que el narrador está tan bien logrado que resulta invisible.

Gracias a todos por participar, hasta el domingo que viene.


tipo de narrador

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Como lector, cuáles son tus géneros favoritos

Como lector, ¿ cuáles son tus géneros favoritos ?

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Como lector, ¿ cuáles son tus géneros favoritos ? ►

Como formadores de escritores, los tutores de la Escuela hablamos mucho sobre cómo escribir o sobre cómo sacar el mejor partido a los potenciales de nuestros alumnos, pero pocas veces hablamos de lo que nos gusta leer.

Ahora es el momento, hemos hecho esta pregunta Como lector, ¿cuáles son tus géneros favoritos? a nuestros tutores y esto es lo que han contestado:

Leo de todo salvo terror (lo siento, Jaume). Pero me muevo más a gusto en la novela juvenil (sobre todo, de Fantasía) y en la de humor. Con su toque romántico, por supuesto. Lo que demuestra que tengo casi siempre la cabeza en el aire XD.


Raquel Martin CaraballoRaquel Martín Caraballo, tutora de ► Literatura Infantil y Juvenil

Para mí existe la poesía… y luego todo lo demás. Soy lectora ávida de poesía. Y cuando hablo del género lírico, me refiero en el sentido más amplio. Me gusta encontrar poesía en un poema, pero también en un cuento, en una pieza teatral, en una canción, en una novela… ¿Y por qué no?, en la vida misma. La literatura para mí es una forma de encontrar poesía entre renglones. A veces ocurre en el género fantástico. Pero otras en textos muy realistas. Me atrae mucho el realismo mágico, o eso que se ha dado a llamar “lo real maravilloso” que no es otra cosa que un feliz encuentro poético con la realidad. Y quizás por eso adoro la literatura infantil, porque contiene esa mirada primigenia sobre el mundo que es pura poesía.


José Antonio Muñoz_José Antonio Muñoz, tutor del taller ► He escrito un libro, y ahora ¿qué?

En mi caso, ¡viva la dispersión! Aunque, si debo escoger, me inclino, en literatura, por la novela policiaca. Es el género que más he leído desde la adolescencia. En ensayo, me inclino por las biografías y memorias, una manera de adentrarme en la vida de personas a las que admiro y que, a veces, ha provocado que cambiara de opinión sobre ellas. En mi biblioteca también destacan los libros sobre cine, expresión artística que, junto a la escrita, más disfruto.


Jaume VicentJaume Vicent, tutor de ► Novela negra y de misterio y de Introducción al terror

 Para mí, es el terror y la novela negra. Mis primeras lecturas fueron Poe y Bécquer, me enamoré de las leyendas de Bécquer y tuve pesadillas con los cuentos de Poe. Comencé a escribir a los 13 o 14 tratando de imitarlos. Luego conocí a Lovecraft y me abrió un nuevo macrocosmos, lleno de ojos, tentáculos y seres más viejos que el propio tiempo, luego vino King, y con él, llegó el convencimiento de que quería dedicarme a escribir, de que quería escribir. El terror me abrió las puertas de la literatura, con el tiempo, aprendía a apreciar otros géneros, a leer a los clásicos… Pero para mí la literatura comenzó con el terror.

Yo disfruto mucho leyendo novela histórica, por un lado, y fantasía/ciencia-ficción por otro. Ya sea novela, relatos largos o cortos. Debo admitir que me limito bastante a esos géneros, y algo tiene que motivarme mucho para leerlo. En cuanto a la novela histórica, no me importa mucho en qué época esté ambientada, o si es una historia que transcurre en el presente pero está relacionada con el pasado (al estilo Reverte, mi autor favorito) o si es una historia ambientada por completo en una época pasada. En cuanto a la fantasía (y subgéneros) estoy abierto, pues leo para disfrutar y para aprender, así que trato de abarcar un poco de todo. Ahora mismo estoy leyendo fantasía-terror: “El océano al final del camino”, de Neil Gaiman.


Víctor L. BrionesVíctor L. Briones, tutor de ► Creación y Lenguaje Poético

Raquel, me has emocionado y he sentido una corriente de empatía automática y fuerte. Je.

Ahora en serio, a mí lo que más me gustan son los libros de autoayuda…

Y ahora en serio de seriedad con ceño fruncido y gafas en la punta de la nariz:
Me gusta leer de todo, decía Bradbury que su receta era picotear de varios géneros, leer basura para poder diferenciar lo que no lo es, y siempre tener entre manos un ensayo, una novela o relatos y poesía. Creo firmemente en esas recomendaciones del bueno de Ray. No tengo mucho problema en leer varios géneros porque soy de los que siempre tienen libros empezados “rodando” por los rincones de casa.

Aunque si tuviera que elegir me quedo con la poesía que digamos supone un porcentaje elevado de mi bagaje lector. Después, el resto de géneros se mezclan y se alternan, según mis elecciones puntuales. Mi gran carencia, el teatro, que leo solo de forma puntual.
En mi caso, esto de los gustos va según el momento​. En general, lo que más leo es narrativa breve y novela negra, pero también me encanta picotear del género epistolar o tomar alguna pildorita de poesía de vez en cuando. Algo que hago cada verano es tirarme de cabeza dentro de un gran novelón: termino ahora los cuentos de Ana María Matute para embarcarme con el capitán Ahab. ¡Casi nada!

Víctor JVíctor J. Sanz, tutor de varios talleres de ► Narrativa:

Yo empecé escribiendo teatro y me encanta leerlo; aunque no esté pensado para ser leído, me siento muy cómodo con ello. En narrativa me gusta leer de todo, y cuanto más variado en formato, género y época, tanto más me enriquezco. Me gusta mucho leer poesía, porque a veces me revela el camino interior a seguir. También leo mucha metaliteratura.


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¿ Cuál es tu distopía favorita ?

¿ Cuál es tu distopía favorita ?

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¿ Cuál es tu distopía favorita ? ►

Hoy vamos a hablar de un asunto que no suele dejar indiferentes a los amantes de la literatura, a unos porque no les gustan, y a otros porque cada uno defiende con pasión su preferida frente a la de los demás. Hoy hablaremos de las distopías.

Nuestros tutores eligen su distopía favorita y explican por qué, ¿quieres sentarte con nosotros y exponer tu elección? Deja tu comentario al pie de esta publicación, nos importa tu opinión.


Jaume VicentJaume Vicent. tutor de ► Novela negra y de misterio y de Introducción al terror

Brave New World” (Un mundo feliz) de Aldous Huxley. Un mundo estratificado, controlado al milímetro por el tipo de genomas superiores (Alpha +) que deciden qué tipo de “persona” nacerá de las probetas. Un mundo sin sentimientos, dónde la única opción de escapar a su gris realidad es tomarse un par de tabletas de “Soma” que también son reguladas por los genotipos superiores. ¡Por Ford que es un gran mundo éste!

Para esto soy una clásica. Sin dudar, y en primer término, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, seguida de Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, y de 1984, de George Orwell. Tampoco quiero dejar fuera Solaris, de Stanislaw Lem.


José Juan PicosJosé Juan Picos, tutor de ► Novela Histórica

¿No vivimos ya en una? Sí, pero no es mi favorita; ese lugar se lo reservo a Viajes a lugares remotos del planeta, más conocida como Los viajes de Gulliver, la amarga y vitriólica creación de Jonathan Swift. ¡Pues claro que no es una obra infantil! Y muchos adultos tampoco deberían leerla si no quieren despertar del anestésico sueño que los alivia. Cuando el doctor Lemuel Gulliver deja atrás a pigmeos y gigantes, acaba en Laputa (con perdón), la isla flotante dominada por la pompa y la vanidad intelectuales, cruel aniquiladora de enemigos por medio de bombardeos aéreos; luego se nos encoge el corazón con los ancianos inmortales de Luggnagg, para siempre acompañados por las amarguras y achaques de la vejez; y, finalmente, comprendemos la congoja de Gulliver al abandonar a los houyhnhnm, caballos virtuosos que domestican a hombres viciosos y degenerados, los yahoo. Pero hay otro librillo de Swift, un ensayo tremendo titulado Una humilde propuesta, que casi entraría en esta categoría. Propone una sociedad pavorosa sin hambre infantil, donde los jóvenes no lleguen a convertirse en una carga para su nación… No, mejor no te lo cuento: búscala, hay una edición en castellano de hace tres años. Espero que el gobierno de corsarios que padecemos no sepa nada de ella, por la cuenta que nos trae. Esa sería la distopía favorita de Cristóbal Montoro y Alfonso Alonso.


Raquel Martin CaraballoRaquel Martín Caraballo, tutora de ► Literatura Infantil y Juvenil

Una de las distopías que más me han marcado, no sé si por la temprana edad en que leí la obra, fue Rebelión en la granja, del maestro George Orwell. En mi opinión es una ficción inolvidable por su mordacidad, por su fina ironía, por su demoledor lenguaje sarcástico capaz de dibujarnos el derrumbe interior de un mundo utópico de la forma más original y despiadada. Me impactó cuando la descubrí siendo adolescente. Me impresionó en una segunda lectura años más tarde, cuando tuve más capacidad para descifrar todas sus claves históricas. Y todavía hoy la considero una obra visionaria al tiempo que muy vigente, si la extrapolamos a muchos escenarios actuales. Creo que esa sociedad ficticia indeseable que tan sabiamente nos retrató Orwell en aquella granja de cerdos sigue estando, desgraciadamente, de rabiosa actualidad, porque si hay algo que fijó aquella obra fue la definición natural del ser humano como animal político en continua rebelión contra su propio fracaso.


Judit de DiegoJudit de Diego, tutora de ► Gramática y Ortografía

En enero de 2010 leí la distopía que más me ha emocionado hasta ahora: la novela gráfica de Alan Moore y David Lloyd, V de vendettaEn mi opinión, la novela tiene una potencia narrativa estupenda y una fuerza visual que dan coherencia y veracidad al universo literario recreado durante toda la obra. La mezcla de estos dos elementos me pareció, simplemente, maravillosa. El tratamiento que dan los autores, desde el lenguaje verbal y visual, a temas como la sociedad de control y el totalitarismo me dejó tocada durante días. Cuando terminé de leerla, no paraba de preguntarme: «¿Y si ahora nosotros…?». Tres meses después, comenzaron los primeros alzamientos de la Primavera Árabe y, un año después, el movimiento 15M. Como es evidente, no hay relación alguna entre mi lectura y la reacción social… ¿o sí? A veces, la literatura y la vida se tocan.
El mejor gancho de una buena distopía es mostrarla mucho más cercana y presente de lo que, en principio, debería ser. Por eso también disfruté leyendo Fahrenheit 451. ¿Quemar libros por orden del Gobierno porque la lectura hace enloquecer? Aunque Bradbury lo ubicara en una sociedad futura, casi cuatrocientos años antes un cura y un barbero había prendido fuego a la biblioteca de Alonso Quijano a imitación de las quemas inquisitoriales del siglo xv.

Mi distopía favorita es B de Margaret Atwood. En esta novela se narra la radical vuelta de EEUU a valores puritanos tras el asesinato del Presidente y los congresistas. Entre otros cambios, las mujeres pierden todos sus derechos y quedan convertidas en seres de segunda al servicio de los hombres. Esto llega al extremo de surgir una suerte de esclavas, las criadas, que pasan a ser propiedad de su señor, hasta el punto de perder su nombre y adoptar el de su dueño, además de obedecer en todo, incluido mantener relaciones sexuales con él, siempre en presencia de su esposa, con el fin de procrear.
En la narración, Margaret Atwood cuenta también, mediante flashbacks, cómo era la vida antes, y ese contraste hace la situación de la protagonista aún más dura y asfixiante.
Lo que me gusta de esta distopía son los paralelismos que se establecen con la situación actual de las mujeres, su denuncia de la discriminación de la misma, y de cómo muchas veces las mujeres somos nuestro peor enemigo, porque buscamos lo que nos separa antes de lo que nos une.


Víctor L. BrionesVíctor L. Briones, tutor de ► Creación y Lenguaje Poético

Mi distopía favorita es Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Me gusta porque en ella la literatura es protagonista absoluta, porque tiene el papel central que se merecería en nuestro día a día, se le concede la importancia que merece, por decirlo así. Y el final, qué me decís del final…


Víctor JVíctor J. Sanz, tutor de varios talleres de ► Narrativa:

Sin ninguna duda me quedo con 1984, de Orwell. Creo que es la que mejor dibuja las miserias humanas que llevan a unos a encadenarse en un estado irreversible de esclavitud y a otros al otro extremo de esas cadenas. Sus personajes transmiten con un fuerza increíble la angustia humana.


¿ Cuál es tu distopía favorita ?

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Qué fallo no le perdonas a una novela

¿ Qué fallo no le perdonas a una novela ?

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¿ Qué fallo no le perdonas a una novela ? ►

Todos nosotros, como lectores, tenemos en mente, aunque a veces de forma invisible, una lista de cosas que no le perdonamos a una novela.

Siéntate con nuestros tutores en esta Mesa Redonda Virtual, lee sus opiniones y deja la tuya.

Estas son sus opiniones:


José Juan PicosJosé Juan Picos, tutor de ► Novela Histórica

Como tutor de Novela Histórica y lector del género, acabo de pasar por esa situación: no soporto a los autores trileros (y a las editoriales, claro). Rabia, pero de pitbull, es lo que me invade cuando me venden un libro de Historia apenas novelado como si fuera una novela: vaca vieja por kobe. Si, además, la trama nace del manido manuscrito encontrado por azar, me dan ganas de llamar a los bomberos de Farenheit 451. Ya no te cuento si, encima, el autor trabaja ex machina, con trucos de prestidigitador de picnic de empresa. Menos mal que lo saqué prestado de una biblioteca pública…


Raquel Martin CaraballoRaquel Martín Caraballo, tutora de ► Literatura Infantil y Juvenil

Me suelen caer muy mal las novelas con “exposiciones forzadas”. Me refiero a esos narradores que, de pronto, sin venir demasiado a cuento, se dirigen a mí como lectora, de manera directa, para explicarme las cosas. No suelo aceptar con mucho agrado la interrupción de esa voz (menos aún, cuando hay injerencia por parte del autor) que denota pedantería o torpeza mientras recurre a un mecanismo chirriante para presentarme cierta información que debería haberme comunicado de manera sutil. Me recuerda mucho a cuando alguien cuenta un chiste en una reunión y, a falta de carcajadas, se dispone a explicarlo.  Es un fallo que detesto pero con el que, a veces, soy benévola. Sin embargo, el que no suelo perdonar de ninguna manera es el de un arranque flojo o mediocre. Creo, por eso mismo, que una de las cosas más difíciles de una novela es su comienzo. Si éste no es capaz de agarrarme por el pescuezo y meterme de un brusco empujón en la historia, si no me noquea en los primeros párrafos o páginas, si no hay una voz lo suficientemente potente que me convenza de que me quede con ella en las siguientes horas o días de mi vida, no suelo tener piedad con la novela. El comienzo de una historia es algo así como “el amor a primera vista”.

No les perdono que me dejen en el mismo lugar del que partí o que no tengan ni pizca de poesía.
Después de una buena novela tiene que haber algo nuevo dentro de tu mente o tu pecho.
También me causa urticaria los “pasajes globo”, esos en los que el narrador-autor se gusta a sí mismo tanto que acaba saliéndose de su propia historia.
Hay varias cosas que no perdono: las faltas de ortografía, las malas traducciones (¡qué perjuicio puede hacer un mal traductor a una novela!), pero sobre todo, los malos finales. Esos finales en los que te quedas como si te hubieran dejado con un palmo de narices. Por muy bueno que sea el libro, si su principio y su final no lo son, no es para mí.

Rebeca Rus_Rebeca R. Rus, tutora de ► Comedia Romántica

Aquí va mi lista de cosas imperdonables:

1.- Los personajes que se contradicen, que el autor describe de una forma, pero luego actúan diferente y sin justificación. Porque ellos lo valen…
2.- Los clichés y los estereotipos.
3.- Los finales tran previsibles que bostezo.
4.- Los finales que no están a la altura porque el autor no sabe salir del clímax tan gordo en el que se ha metido.
5.- Los finales repentinos porque el autor está deseando terminar con su novela y no tiene ganas de desarrollarlo más.
6.- Las descripciones llenas de “palabros” para demostrar que eres muy culto.
7.- Los “palabros” como “juas”, “maris” y todos esos falsos costumbrismos que se utilizan cuando se quiere hacer entender que el texto es gracioso. Y no lo es.
8.- Las novelas que no aportan nada, incluso cuando están clasificadas como Literatura de piscina.
9.- Las novelas pretenciosas, tan rebuscadas y falsamente complejas que no tienen más fin que el de lucirse.
10.- Las novelas con faltas de ortografía, errores de sintaxis, de maquetación o de diseño (me molesta mucho que se ponga de moda una portada y todo el mundo se dedique a copiarla sin parar).
Pues para no repetirme con lo dicho por alguno de vosotros, solo indicaré que me molesta que una novela esté mal escrita.
¿Cuándo está mal escrita una novela? Ahí van los casos más sobresalientes para mí:
—Cuando los defectos ortográficos, de sintaxis y demás formales son tantos y tan obvios que te distraen la atención continuamente y te descentran de la trama.
—Cuando, a pesar de ser escrupulosa la escritura, aburre hasta a las piedras por no haber sabido exponer de forma adecuada la trama.
—Cuando es ñoña o pedante.
En definitiva, cualquier argumento me vale siempre y cuando me lo expongan bien escrito, bien hilado, sin pedanterías insufribles ni exhibición pornográfica de un sentimentalismo barato.
Estoy de acuerdo con casi todo lo expuesto por mis compañeros/as, pero, si tengo que destacar algo que me resulta imperdonable en una novela, es que el autor me cuente las cosas en vez de mostrarlas.
No quiero que me cuente que el protagonista es valiente, quiero ver cómo demuestra su valentía. No quiero que me cuente que la protagonista está cansada, quiero que me haga sentir el cansancio de la protagonista.
Quiero ser yo la que descubra lo que el autor me quiere contar, no que me dé todo hecho y yo me limite a pasar los ojos sobre el papel.
Esto no quiere decir que no haya que contar a veces cosas para situar al lector y dar un contexto a la historia, pero sólo hay que recurrir a ello cuando no quede más remedio, cuando se hayan agotado todas las vías para que el lector conozca la información necesaria para entender la historia.
No es fácil, o al menos a mí no me resulta fácil cuando escribo, pero hay que esforzarse al máximo para lograrlo.
Es difícil aportar algo nuevo a estas alturas, así que perdonadme si me repito. Algo que me hace dudar si seguir leyendo es, principamente el ritmo, un comienzo lento suele echarme para atrás, por mucho que tenga interés en leer el libro. Me ha pasado en los dos intentos que he hecho con An Mª Matute, cuando la oía hablar y soñar, me parecía una señora increible, pero cuando he intentado leerla, no he podido con ella. Me da mucha pena.

Otras cosas que me hacen dejar un libro, casi ofendido, es que sea predecible, o que no sepan encajar bien las piezas de la trama, y los conflictos no estén bien estructurados, lo que lleva a un libro a ser predecible y al autor a optar por soluciones a los conflictos que no son verosimiles. No dejemos de lado las malas expresiones, errores sintácticos o de ortografía (me molestan especialmente los “palabros”, como dice Rebeca en su punto 7º). Y para terminar, me indigna mucho que una historia no sea creíble, que haya errores lógicos, que los personajes no actuen en consecuencia con su forma de ser y su situación (especialmente esta última).


Víctor JVíctor J. Sanz, tutor de varios talleres de ► Narrativa:

Me quedo con lo que dice Víctor Briones, si una novela no me hace viajar, sentir, vivir…, no merece ni mi tiempo ni mi atención.
Una novela debe ser un viaje, una novela debe suponer una transformación de sus personajes y, por tanto, de su lector. Una novela debe enseñarte algo sobre la vida. Y esto no depende de lo que el lector ya conozca, sino de lo bien que la novela lo enseñe.

Qué fallo no le perdonas a una novela

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