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Lo que la Poesía puede hacer por ti (y tú con ella)

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Lo que la Poesía puede hacer por ti (y tú con ella) ►

por Víctor L. Briones, tutor de Creación y Lenguaje Poético

Aunque no se lo pidas, la poesía puede hacer mucho por ti y está siempre dispuesta a que la descubras. Porque es libertad y en ella puedes volcar todo lo que habitualmente no te atreves a dejar a la vista, revertir a su estado natural lo que una prohibición absurda ha encadenado.

Lo que la Poesía puede hacer por tiEs otra forma de ver la realidad, de habitarla, de explorarla. Está llena de senderos poco transitados donde hallarás la sorpresa y la mejor versión de ti mismo.

Es una acción transformadora. Recurre a ella, te ayudará a enfocar justo en lo que necesitas para seguir adelante, te permitirá descansar de la rutina agotadora, coger fuerzas para lo que tengas que ser mañana y atesorar el valor necesario para el cambio.

Nos permite crear una realidad íntima en la que podemos ser nuestra mejor versión. Hace que los disfraces, los roles y las máscaras caigan; dejen de ser necesarios. Porque la poesía tiene hambre de verdad y de autenticidad, y es capaz de despertar ese mismo deseo en nosotros.

El lenguaje poético es poderoso. Si sabemos usar la palabra justa podremos abrir una ventana para que entre luz en esos lugares que han permanecido a  oscuras demasiado tiempo. La poesía hará que florezca tu parte más creativa y te dará el poder de construir un mundo a tu medida.

Es la tradición y la innovación juntas, inseparables: sin roces ni enfrentamientos. Es lo que han sido tus mayores y lo que serán tus hijos. Lo que se dijo y lo que se dirá. Es parte de la columna vertebral que sustenta a la humanidad.

La poesía es belleza, es calma, es justicia, es valor, es un campo fértil para cultivar todo lo que nos hará ser mejores y más humanos.

Así celebro yo el Día Mundial de la Poesía: hablando sobre ella, haciéndola real, sintiéndome afortunado por escribirla; pero también queriendo enseñarla, oírla y leerla. Queriendo que las librerías y las calles se llenen de ella, que nazcan nuevas editoriales que la trabajen, pidiendo a los medios que den una imagen real y actual de la expresión poética. Sabiendo que es la mejor manifestación de nuestra intimidad, nuestra singularidad y nuestra pertenencia cultural; pero también una forma de abrirse al mundo, una vía para dar rienda suelta a la curiosidad y a las ansias de aprendizaje.

Por todo, ¡Feliz Día Mundial de la Poesía!

20 errores que los escritores cometen en redes sociales que no deben cometer:

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20 errores que los escritores cometen en redes sociales que no deben cometer

(y sí, yo también he pecado), por Ana González Duque (*)

  1. No tener blog: no tener blog es, para un escritor, como ser un “sin-casa” digital. En el mundo cambiante de las redes sociales, el blog es algo estable. Y es donde van a irte a buscar los que quieran contactar contigo. O informarse sobre ti.
  2. No poner dirección de contacto en el blog
  3. No poner una pestaña de “quién soy” con foto: los lectores queremos saber quién está detrás de los libros.
  4. Olvidar el botón de suscripción al blog.
  5. O los de compartir los posts en redes sociales.
  6. No hacer SEO on page. Ni analizar tus resultados.
  7. No conocer a tus lectores.
  8. Utilizar tu perfil personal de Facebook como perfil de autor en vez de una página: el perfil personal tiene un límite de 5000 amigos y no tiene estadísticas ni otras funciones que sí tiene la página.
  9. No pensar bien la bio de twitter y utilizar la portada de tu libro como foto del perfil.
  10. Automatizar la herramienta de bienvenida al follow.20 errores que los escritores cometen en redes sociales que no deben cometer:
  11. Publicar en Facebook lo de twitter y vicecersa: son redes distintas, con públicos distintos. Y solo puedes ver lo de Facebook si tienes Facebook.
  12. Criticar a los demás.
  13. Hablar de política o de religión o de fútbol.
  14. Hacer spam a todas horas.
  15. No compartir.
  16. No organizarse (y no conocer las herramientas para hacerlo)
  17. No ser constante.
  18. Creer que importa más el número de followers que el número de fans: parece lo mismo, pero no lo es. Un follower es aquel que te sigue (a veces, en un TL de 4000 perfiles). Un fan es aquel al que realmente le importas. Te incluye en una lista. Se suscribe a tu blog. Probablemente, compre tu libro. Hay que intentar que tus followers sean fans.
  19. Dispersarse en muchas redes, sin saber cuál es la apropiada para su género.
  20. Y, sobre todo, no ser profesional.

 (*) Ana González Duque es tutora de ►Blogging para escritores y ►Redes Sociales para escritores
10 consejos para escritores desanimados

10 consejos para escritores desanimados

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10 consejos para escritores desanimados ►

A veces, un escritor alcanza tal grado de desánimo que comienza a comparar todo aquello que escribe con las peores inmundicias que su imaginación alcanza a nombrar. Lo peor es que también le da por hacerlo con aquello que escribió hace tiempo y de lo que estaba, sin embargo, tan orgulloso no hacía ni un minuto. De repente es el fin, el caos más absoluto, el vacío, el acabose, la nada, cero. Y todo eso, ¿por qué? Puede ser a causa de un personaje rebelde, o de una escena irresoluble que no lo parecía tanto en la sesión de trabajo anterior, o de una trama tozuda que se empeña en seguir sus propios pasos bien lejos de la primera idea; o, el peor de los casos, que todo lo que tenía desarrollado del relato se le venga abajo como un soufflé.

A continuación damos 10 consejos para escritores desanimados:

  1. ¿La primera idea? En lo relativo a tramas, personajes, escenas, títulos, etc… nunca le des más importancia a la primera idea que a las que puedan venir luego, incluso cuando sean los propios personajes quienes te las soplen al oído; antes al contrario, presta especial atención a estas.
  2. Los 110 metros vallas. Si crees que te encuentras ante un obstáculo infranqueable: tranquilo. Rodéalo y sigue tu camino, más adelante habrá ocasión de eliminar ese obstáculo. No te detengas a intentar corregir cada cosa que identifiques como un obstáculo.
  3. Rueda de reconocimiento. Si te asalta insistente la idea de que un personaje no tiene el nombre o la caracterización que le exige su historia y su posición en el conjunto de la obra, quizás debas pensar en cambiárselo. Esto puede ocurrir porque la idea que te habías formado en tu cabeza sobre el personaje ha evolucionado por una línea distinta de lo que la historia donde lo has ubicado, exige. No tengas miedo a estos cambios, una novela es un ser vivo incluso después de la palabra FIN.
  4. Mi estilo, ¿dónde está mi estilo? Si no te convence el estilo con el que estás redactando, olvídate del estilo, intenta ser tú mismo, porque ser tú mismo es tu propio estilo.10 consejos para escritores desanimados
  5. Meter las tijeras. No tengas miedo de borrar cualquier texto que te produzca desconfianza o que creas “mejorable”, incluso cuando contenga ideas o material literario de calidad. Apártalo del texto y más adelante comprobarás si aún tiene su hueco o definitivamente nunca debió formar parte de tu texto.
  6. El infinito y frío papel blanco. Si lo que te desanima es el blanco del papel, coge tus libretas de notas, léelas sin propósito alguno, llegará un momento en que encuentres ese propósito. Si esto no funciona lee
  7. ¿Por dónde voy? Si te asalta permanentemente la duda de tu valía como escritor, lee diferentes textos que hayas escrito en orden temporal, comenzando por los más antiguos y hasta los más recientes. Por fuerza habrás de notar cierta evolución. Si esa evolución no es muy evidente, hoy es un buen día para empezar a evolucionar.
  8. Los planos. Si has esbozado una historia e incluso te has adentrado en la redacción de los primeros capítulos pero algo no te convence y te ves inseguro, repasa cada punto del planteamiento, repasa cada personaje, cada unidad de acción planificada, repasa detenidamente cada elemento integrante de la obra, muy pronto los puntos débiles saltarán a la vista en seguida.
  9. Criticón. Lee tus textos con ojos de enemigo para averiguar que les puede estar faltando y dáselo.
  10. La inspiración de la lectura. Si te planteas abandonar tu carrera de escritor, por ejemplo, porque ningún editor valora tu obra, deja inmediatamente a un lado el bolígrafo, el lápiz, el teclado o aquello con lo que escribas, y lee aquello que te gustaría escribir, pronto te sobrevendrán unas ansias indomables de escribir lo que te gustaría leer. El producto de esa escritura encontrará tarde o temprano a su editor.

Bola Extra: Cuando todo lo anterior falle, colócate frente al papel y escribe sin pensar en las consecuencias, no pienses en nadie, ni siquiera en ti mismo. Escribe como si el mundo estuviera a punto de acabarse.

Víctor J. Sanz

Víctor J. Sanz es Director de la Escuela de Formación de Escritores e imparte ► algunos de sus talleres de narrativa.

Lo que no se dice en el currículo de un escritor

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Lo que no se dice en el currículo de un escritor ►

por Érika Gael

En el currículo de un escritor se dicen muchas cosas.

Se suele hablar, por ejemplo, del número de obras publicadas hasta la fecha, del año de edición y de la editorial —en caso de haberla— que las respalda. En el currículo de un escritor, las antologías e iniciativas de las que ha formado parte suelen venir acompañadas por opiniones que ensalzan su pluma y sus letras. En el currículo de un escritor se cuentan los premios recogidos, los certámenes ganados, los homenajes recibidos. Los sueños cumplidos. Ningún escritor menciona en su currículo las ilusiones rotas; los desconchones de sí mismo que va dejando por el camino.

el currículo de un escritorSin ir más lejos, cualquier lector que revise de forma somera mi currículo podrá ver que mi primera novela fue publicada por una gran editorial en el año 2010. Pero, al leer mi currículo, ese lector no sabrá que el aluvión de críticas negativas que sucedió a mi debut destrozó a la jovencita inexperta que se escondía detrás del seudónimo. Del mismo modo, tampoco sabrá que conocer de primera mano las malas mañas editoriales me condujo sin remedio a un frustrante bloqueo que se prolongó durante más de tres años.

En ese mismo currículo se dice también que mi segunda novela publicada fue el fruto de un proceso de autoedición en 2013. En ningún momento se dice que, antes de llegar hasta ahí, esa novela fue utilizada como rehén por la competencia tras presentarme a un certamen que, como ya habrás supuesto, lector, no gané. En mi currículo no te cuento los meses de angustia al ver que mi libro no terminaba de salir al mercado, ni las reuniones con abogados, ni las preguntas que se quedaron para siempre sin respuesta.

En el currículo de un escritor se dicen muchas cosas, pero hay algo de lo que casi ninguno habla de forma abierta. Cuando iniciamos nuestro recorrido como autores, cargados de esperanzas y de sueños, nadie nos dice que somos lo más parecido a un saco de boxeo a punto de ser golpeado hasta la extenuación. A mí nadie me contó que mi autoestima iba a ser puesta a prueba de esta manera. Jamás pensé que la literatura podría llegar a ser una amante tan sádica. Y, sin embargo, aquí estoy, a su lado. Algunos pensarán que se trata de masoquismo; yo prefiero llamarlo Inteligencia Emocional.

Para quien no lo sepa, además de escritora vapuleada y propensa a los bloqueos, soy licenciada en Psicología —eso también lo dice mi currículo—. A lo largo de aquellos tres largos años que pasé en el dique seco, no podía dejar de pensar, noche tras noche, que debía existir algún modo de conectar ambos puntos, como diría Steve Jobs. Al fin y al cabo, había pasado cinco años estudiando una carrera en la que había adquirido herramientas para afrontar de forma eficaz casi cualquier situación. ¿Cómo era posible, entonces, que no pudiera ayudarme a mí misma ante la maldita hoja en blanco? Noche tras noche, con los ojos como platos en busca de una salida, tecleaba en Google el nombre de todos y cada uno de los psicólogos de la creatividad que recordaba con la esperanza vana de que al menos uno de ellos pudiese arrojar algo de luz sobre el vacío. Mi vacío.

Tuvieron que pasar más de mil noches para que aprendiera de una vez por todas la lección: no hay un remedio infalible contra el bloqueo. No hay una fórmula mágica que nos ayude a soportar la frustración de la derrota. No existen vacunas milagrosas que nos hagan sobrellevar las críticas y el rechazo. Pero, después de cinco años de carrera y mil noches de bloqueo, descubrí que sí hay una herramienta que, sin ser prodigiosa, te echa un cable de los gordos cuando quieres salir del agujero, y esa herramienta es, ni más ni menos, el manejo de nuestras propias emociones.

No podemos controlar a las editoriales, al mercado, ni tampoco la opinión de los lectores. Pero resulta que sí podemos controlar la forma en que afrontamos todo eso como escritores, y en nuestra mano está hacerlo del modo más competente y beneficioso para nuestras propias letras. Para bien o para mal, las emociones forman parte inevitable del bagaje de todo escritor, y su influencia va a resultar decisiva a lo largo de su trayectoria. Visto lo visto, entonces, mejor que sea para bien, ¿no crees?


Érika Gael es tutora de la Escuela de Formación de Escritores e imparte un taller de “Maquetación” y otro de “Inteligencia Emocional

Diez consejos para escribir ficción

Diez consejos para escribir ficción

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Diez consejos para escribir ficción ►

Diez consejos para escribir ficción Escribir ficción requiere de unas características especiales sin las cuales es casi imposible conseguir hasta el más pequeño éxito. ¿Qué se necesita para escribir ficción?

1. Una idea

Si no tienes una idea, no te preocupes, mientras llega, lee, haz ejercicios de escritura, practica los diálogos, escribe un diario…, finalmente la idea llegará. Cuando lo haga, ábrele la puerta y deja que elija el sitio más cómodo, si prosa, prosa; si verso, verso… No es tu idea, sino que tú eres su escritor. No la has elegido, te ha elegido ella a ti.

2. Un estilo propio

 No busques tu estilo entre tus escritores favoritos. El estilo es “implagiable”, no se puede copiar sin ser descubierto de inmediato. No busques tu estilo fuera de ti, pues nadie puede escribir como tú.

3. Empatía

Solo teniendo acceso a un alto grado de empatía podrás trasladar al lector los sentimientos más altos y más íntimos de tus personajes. En ello radica su credibilidad (y la tuya) y el interés que despiertes en el lector. Para construir personajes “increíbles” tienes que hacerlos creíbles. Si no tienes empatía, no te preocupes, siempre encontrarás hueco como guionista en algunas series de televisión.

4. Aislamiento

Aislamiento no significa soledad, puedes escribir en la cafetería, por ejemplo; pero aíslate de todos los ladrones de tiempo, especialmente de las redes sociales. Por cada tuit ingenioso que publiques, Dios borra de tu novela una de sus mejores frases.

5. Algo que enseñar

Es imprescindible que el texto contenga alguna enseñanza, siquiera sutil, pero al mismo tiempo quien escribe debe aprender algo de lo escrito; el texto debe constituir una transformación en ambas partes: escritor y lector. Sin este conocimiento, sin esa transformación la escritura no tendrá gran valor.

6. Libertad

Es muy recomendable escribir en absoluta libertad, pues de la libertad nace el mejor arte. Si estás sujeto a fechas, a un tema, a una extensión, a Dios sabe qué promesa, condición, opinión o deuda…, el resultado de tu escritura se resentirá. Por ejemplo, si tienes comprometida una fecha de entrega, lo mejor es organizarse, esto te ayudará a evitar sentarte a escribir como obligación. La escritura ha de ser una elección.

7. Cuida el verbo

Habrás de cuidar la palabra. Para cada ocasión existe una palabra perfecta, no dejes de buscarla hasta que la encuentres. Haz que tus personajes hablen con propiedad, si hacen el ridículo, todos sabrán que tú estás detrás. No utilices palabras muy rebuscadas, eso no hace mejor tu escritura. Mejores palabras no siempre hacen mejores textos. Hay ocasiones en que utilizar dos adjetivos para el mismo sustantivo puede estar justificado, pero cuando siempre utilizas dos y hasta tres, el lector se va a dar cuenta muy pronto de que tienes un serio problema al escribir.

8. No te enrolles

Si tu objetivo es contar una historia, limítate a eso: cuenta una historia. Lo que puedas escribir en dos líneas, no lo escribas en cinco.

9. FIN es el comienzo de todo

Escribir la palabra FIN es solo el comienzo del trabajo. Una vez terminada la redacción de tu texto de ficción, has de repasarlo tantas veces como sea necesario. No tengas miedo de meter la tijera, de limar y de pulir todo aquello que sea susceptible de ser mejorado. Puede que no te agrade esta tarea, pero el lector sí te lo agradecerá.

10. Escucha al lector

Escucha a tus lectores. Aunque ellos no sepan cómo arreglarlo, sí que saben qué has hecho mal. Esto te ayudará a prevenir los mismos errores en futuros textos.


Víctor J. Sanz

Director de la Escuela de Formación de Escritores

Talleres de Víctor J. Sanz en la Escuela

Ejercer de poeta y ejercitar la poesía

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Ejercer de poeta y ejercitar la poesía ►

La poesía nace del sentimiento pero no tiene por qué morir con él. También puede surgir de la reflexión y la idea o incluso puede ver la luz a partir de una intención estética aislada. La poesía puede aguardar, como las semillas pacientes, a que diluvie en el desierto para manifestarse en todo su esplendor y también, sin que nos demos cuenta de su omnipresencia, rodearnos y esperar a a que sean nuestros ojos los que, en un descuido de la seriedad acostumbrada, la descubran.

Ejercer de poetaMi intención en estas pocas líneas no es hacer de etólogo de la poesía. No quiero describir los lugares donde habita el animal sino remarcar un hecho que se diluye en el tópico de lo poético en general y de la poesía en particular: los versos pueden ser domados e incluso nacer ya en cautividad; la inspiración y la emoción son solo parte de la ecuación. La poesía ha acompañado al hombre desde siempre y ha sido utilizada para muchas tareas: para contar cuentos a los niños y a los mayores, como pizarra educativa para una sociedad iletrada, como herramienta de expresión para los que carecían de voz; el hecho de que hoy esté más enfocada a la expresión de «individualísimas» maneras de sentir y decir no quiere decir que tenga que ser el diario insustancial de un adolescente enamorado y sufridor. Considerar que se escriben versos solo para «evacuar» sentimientos es cerrarse puertas, quedarse muy corto. Porque los versos son capaces de sacar, en este vivir rutinario y encorsetado, el lado salvaje e inconformista que todos deberíamos cultivar. Quiero que veáis la necesidad de airear nuestro lado creativo, que las calles y las vidas se llenen de extrañas criaturas con ritmo y apariencias sugerentes.

La poesía puede ser trabajada, pulida, pulimentada. Puede brillar por su naturalidad sin que se note todo el trabajo que hay detrás, toda la intención comunicativa y expresiva que la alimentan. Porque el poeta es un constructor de esqueletos para sostener las pieles y carnes más difusas y escurridizas; las más sutiles palabras deben descansar sobre los andamiajes más firmes.

Esa habilidad para construir osamentas sólidas es lo que hace al poeta y no su conformidad con la  romántica imagen de individuo hipersensible y lleno de rarezas —aunque algo de eso hay—. Pero lo primero es lo primero, y no podemos empezar a construir el poema por la conmoción y el fogonazo, hace falta combustible y habilidad para encender la yesca. Hace falta trabajo para no quedarnos en la futilidad o confundir la subjetividad infundada con la originalidad.

La poesía, como casi todo lo que importa en la vida, primero se aprende, después se ejerce y siempre se ejercita. A todo eso os puedo ayudar.

Y después de trabajar y mancharnos las manos en el taller, si os apetece, aullaremos a la luna hasta agotarnos…

Víctor L. Briones

Tutor de Creación y Lenguaje Poético

haber escrito una novela

El día que me arrepentí de haber escrito una novela

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El día que me arrepentí de haber escrito una novela ►

A estas alturas mi primera novela debería llevar ya unos cuantos meses a la venta. La realidad es que ni está a la venta, ni parece que vaya a estarlo en breve. ¿El motivo? A ver si lo adivináis… El que haya dicho malas prácticas editoriales se ha llevado el premio.

Todo comenzó como suelen comenzar estas cosas: con un sueño. Terminé mi novela y pensé en tratar de publicar a lo tradicional, pateando editoriales. Después de algunos meses de silencios y llamadas para venderme paquetes editoriales imposibles, me llegó una oferta interesante: me publicaban sin más. Acepté, claro, ¿qué iba a hacer?

Les envíe mi primer borrador, pues parece que tenían prisa. En principio la novela estaría lista para Noviembre, firmamos y seguimos con lo nuestro. La cosa empezó a oler mal cuando me di cuenta de que llevaba unos cuatro meses sin saber absolutamente nada de mi novela.

Pregunté y me dijeron que estaban trabajando en otras cosas. Pensé: “bueno, ellos sabrán…” Y seguí con mis cosas.

A finales de Octubre recibí el primer correo de la editorial en varios meses; en él me decían que mi obra les estaba creando enormes problemas. Yo pensé: “claro, es que es un primer borrador”. En aquel correo decían que la correctora se pasaba más de una hora en cada página. Mi sorpresa llegó cuando vi las correcciones, pues se limitaban a marcar en rojo las repeticiones.

Descubrí, también, que habían empezado a corregir a finales de Octubre, y que todas tenían marcada, más o menos, la misma hora. Si tardaban una hora por página, ¿por qué tenían las primeras tres páginas exactamente la misma hora? No dije nada. Entonces pensé: “bueno, es una buena oportunidad”, y aguanté.

Otros tantos meses de silencio después, recibí de nuevo un correo. En él me preguntaban si estaría dispuesto a prorrogar el contrato. Como ya estaba mosca con ellos, les dije que no. Por supuesto, les di mis razones: no sabía nada de ellos, no sabía nada de la correctora y no estaba demasiado de acuerdo con todo aquello. Aquí comenzó el circo.

El siguiente correo que recibí, de mano del mismísimo administrador de la editorial, básicamente decía que mi obra era una mierda y que me estaban haciendo un favor enorme. ¿Cómo me atrevía yo, infausto plumilla, a no aceptar la prórroga de aquel contrato?

Contesté, por supuesto. Le dije que aquellas no eran las formas más adecuadas de hablar a un “cliente”. Le comenté que en la actualidad estaba trabajando con otras editoriales y que tenía un contacto total con mis correctores. No entendía cómo podían tratar así a una persona que trabajaba con ellos.

El siguiente correo que recibí ya era directamente ofensivo. Comenzaba con un “y tú más…” por las formas, cosa que no entendí, pues fui demasiado correcto con alguien que acababa de despreciar mi trabajo. Seguía con más desprecios hacia mí y hacia mi obra, y con la amenaza de que ellos podían destrozarme en las redes, pues tienen 8 millones de seguidores (que resultan ser 80 veces más seguidores de lo que tiene el Grupo Planeta, “casi ná”). El correo terminaba con un: “si tan bien escribes, que te publiquen esas editoriales con las que trabajas”. Literalmente.

Después de estas gilipolleces opté por no contestar. Un par de días después me preguntaron (con todo su cuajo) si todavía quería publicar con ellos o si prefería cancelar el contrato.

Cancelé el contrato y me propuse alertar a las posibles víctimas de este tipo de editoriales de que, a veces, es mejor esperar, publicar uno mismo y no caer en las redes de esta clase de gentuza, que no son más que caraduras con una web y ganas de forrarse a costa del escritor novel.

© Jaume Vicent

De repente una señal

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Cafe de Flore [ De repente una señal ]

El café es un buen lugar para recibir una señal.

De repente una señal ►

Estás en un café, hablando con un amigo, comentando la actualidad o cualquier otro asunto. Mientras tanto, tu vista ya tiene controlada a la camarera para, cuando pase cerca, pedirle los cafés; a las dos señoras que se disponen a ocupar la mesa de al lado, que están limpiando escrupulosamente las sillas y hasta la mesa; tu vista también tiene controlado al vendedor de la ONCE que no para de despachar cupones, gracias a eso recuerdas que es viernes; también controlas al niño que acaba de salir de la heladería cercana con un cucurucho que sostiene, aunque no te explicas cómo, una descomunal bola de helado y calculas las probabilidades que tiene esa bola de acabar en el suelo, en el traje más limpio de la terraza o en el regazo de la persona más malhumorada que se tropiece con el niño. Mientras tanto tu imaginación sobrevuela la terraza y traza líneas imaginarias delante de los transeúntes, de los que se alejan en color verde y de los que se acercan en color amarillo, por ejemplo. Mientras tu imaginación juega a adivinar qué consumiciones pedirán los que acaban de llegar a otra mesa…

Mientras todo esto ocurre, de repente una conexión neuronal en tu cabeza amplifica la señal de un elemento de entre la multitud que pueblan la escena, de uno solo, tal vez pequeño, tal vez el más insignificante elemento para el ojo o el oído poco entrenado. Una frase de otro cliente comentando una noticia, tal vez una palabra en un contexto, tal vez una actitud, o un gesto, o un movimiento, o un encontronazo…, o tal vez un silencio incómodo en la mesa de al lado. Es igual, para ti esa señal es un título en potencia, o la frase más apoteósica de uno de tus personajes, o el personaje más peculiar y rico que te has encontrado en mucho tiempo, o simplemente la semilla de una idea que desarrollar o, con un poco de suerte, el desatascador que necesitaba tu embrollado último capítulo.

Para entonces ya no te importa que la lista de precios está modificada y hayan repasado con un rotulador demasiado evidente todos los “1” con un “2”, actualizando la lista de precios a un futuro lejano no concretado. Para entonces ya no te importa si el niño finalmente estampó su bola de helado contra el policía urbano que está multando a su padre. Para entonces ya no te importa si la camarera te habrá traído la sacarina y el vaso de agua que le pediste, ni siquiera si los de la mesa de al lado habrán pedido finalmente ese descafeinado de máquina con leche tibia que te parecía tan evidente. Para entonces ya no te importan muchas cosas, tienes tu idea y eso es lo que importa. Disfrutas de su nacimiento y, mientras le pones alguna ropa a la idea recién nacida, sonríes sin que nadie más que tú sepa el motivo…, de momento.

-¿Qué te pasa?, ¿por qué sonríes? -te pregunta tu amigo buscando con la mirada la señal que te dibuja la sonrisa, como si él pudiera verlo…

-Nada…, estoy bien…, ya lo leerás. -Contestas sin tener muy claro aún en qué se traducirá la señal recibida, si la incluirás en algún texto que está en preparación o si será la semilla de algo nuevo o si, por qué no, acaba en la papelera. ¡Qué más da!, lo importante es que esa señal te ha llegado, como llegaron otras y otras llegarán.

Pues bien, así ocurre, o tal vez no…, quien sabe.

 

De repente una señal

Víctor J. Sanz